—Ando súper ocupada con lo del proyecto, mejor no perdamos tiempo saliendo. Cenamos en la casa.
Adriana agradecía haber puesto a Ignacio a trabajar en la sombra para ella. Con él haciendo el trabajo pesado, los problemas del proyecto no eran nada.
A Diego le pareció perfecto:
—Va, espérame allá entonces.
En la noche, Diego regresó a la casa para la cena.
Adriana salió de su cuarto agarrándose el vientre.
Diego se acercó y buscó su mano con suavidad.
—Debe ser cansadísimo, ¿no? Andar a las carreras con lo de la oficina y encima lidiar con lo pesado de la recta final del embarazo.
Ella hizo un puchero cariñoso:
—Ay, ni es para tanto el trabajo. Además, estoy feliz de llevar a tu hijo, eso no me pesa nada. El que de verdad debe estar cargando con todo eres tú; ahora que Lucía no está en la empresa, seguro se te vino todo encima, ¿o no?
A Diego le pareció que ella le había leído el pensamiento.
Últimamente sí que traía una carga brutal de trabajo, pero por el bien del negocio no había de otra.
Ambos se sentaron a la mesa.
Todo lo servido eran los platillos favoritos de Diego.
Él sonrió con ternura:
—¿Por qué le dijiste a la señora que hiciera puro antojo mío? ¿Por qué no le pides lo que a ti te gusta?
Adriana le sirvió un buen pedazo de carne y le sonrió:
—Porque tú eres el pilar de la casa, mi amor. Obvio te voy a consentir primero.
Desde que había vuelto de Ciudad Marazul, Diego sentía que Adriana recuperaba esa dulzura dócil que tanto le gustaba, y eso le alivianaba el ánimo.
Al verlo tan relajado, Adriana aprovechó para tantear el terreno:
—Oye, amor, para seguir con el medicamento HSV-121 vamos a necesitar meterle un buen de dinero. ¿Qué tienes pensado hacer?
Ella ni se imaginaba la cantidad de dinero que requería el proyecto hasta que Ignacio se lo explicó.
—Ese es justo el dolor de cabeza que traigo —suspiró Diego—. Últimamente se nos han caído varios proyectos, y lo que hacemos con el Grupo Valiente para el medicamento HSK-003 no nos deja ni un peso. Si no hay ganancia, es pura pérdida. Para seguir financiando el HSV-121, lo más seguro es que tengamos que buscar otra empresa que quiera asociarse e invertir.
—¿O sea que quieres darle una rebanada del pastel a alguien más? —replicó ella—. ¡Pero si el margen de ganancia de ese medicamento es altísimo! Aparte, somos los únicos en todo el mercado desarrollándolo, ¿de verdad estás dispuesto a soltarlo así como así?
—Pues no me queda de otra.
Adriana le sugirió:


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