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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 401

Aunque Adriana ya tenía una panza de embarazo muy grande, seguía vistiéndose con un estilo joven y a la moda.

Sin embargo, al ver que Elena había salido con la cara lavada y aun así se veía espectacular, sintió que el orgullo se le iba al piso.

Levantó una ceja hacia Elena y sonrió con arrogancia:

—¿No te lo esperabas, verdad? Diego todavía se preocupa mucho por mí. Esta vez que regresé de Ciudad Marazul, fue él mismo a recogerme.

A Elena le pareció que esa actitud era igual a la de las villanas de telenovela peleando por un hombre.

De verdad no entendía cómo podía soportar las infidelidades de Diego.

Elena torció la boca con desdén:

—No me interesa meterme en los chismes de tu familia. Pero, te recuerdo una cosa: cuando nazca tu bebé, ¡acuérdate de hacer esa transmisión en vivo para disculparte! El Grupo Vargas y yo no hemos olvidado esa deuda.

Al pensar en la disculpa pública, Adriana casi se infarta del coraje.

Elena no quería que Ariadna siguiera escuchando las tonterías de esa mujer, así que la tomó del brazo y se la llevó en dirección contraria.

Después de alejarse bastante, Ariadna preguntó:

—Prima, esa es la mujer con la que te engañó Diego, ¿verdad?

Elena no se esperaba que Ariadna también supiera sobre eso.

Ariadna comentó, algo molesta:

—Yo los vi dándose un beso antes.

Elena le acarició la cabeza y le dijo con ternura:

—Ariadna, yo ya me separé de él hace tiempo, no te preocupes por eso. Tampoco guardes rencor por lo que me pasó a mí, esos son problemas entre él y yo, a ti no te afectan.

La verdad, le daba miedo que el fracaso de su matrimonio y el de su tía terminaran arruinando la perspectiva que Ariadna tenía sobre el amor.

No quería que la niña creciera odiando a los hombres o pensando que todos eran iguales.

La culpa era de esos patanes, no de todos los hombres.

En este mundo todavía había hombres responsables y comprometidos, como Alejandro.

De pronto, se quedó pasmada. Al pensar en un buen hombre, inconscientemente le había venido a la mente Alejandro.

Ariadna asintió.

—Lo entiendo. Es solo que me da coraje que te hayan hecho cosas malas.

—Yo ya soy adulta y puedo arreglar mis propios problemas. Bueno, ¿se te antoja un helado?

Como buena niña, Ariadna olvidó el asunto de inmediato ante la mención del helado.

Justo cuando salieron con los helados, llegó el coche de Alejandro.

Alejandro se bajó y, al notar que Elena tenía el helado en la mano pero no le daba ninguna mordida, le preguntó:

—¿No te lo vas a comer?

A Alejandro se le escapó una risa breve.

—Solo produciremos un lote extra. Cuando el Grupo Valiente y el Grupo Romero se enteren, seguro volverán a bajar sus precios. No vamos a entrar en una guerra de precios con ellos, no tiene caso. Pero estoy seguro de que nos van a tener miedo y no se atreverán a volver a subirlo. Lo único que quiero es que pierdan dinero vendiendo ese medicamento.

El director Olmedo asintió.

—Entendido, señor.

***

Después de su cirugía, Lucía descansó un tiempo, pero no aguantó más sin meter las manos en los asuntos de la empresa.

Les pidió los reportes más recientes a los directores de marketing y finanzas y, en cuanto los revisó, sintió que la rabia le subía de golpe.

Sacó su celular y llamó a Diego:

—Ven al hospital ahora mismo.

Diego ya estaba con los nervios de punta por el boicot intencional del Grupo Vargas.

Si las cosas seguían así, ese lote completo de HSK-003 se les iba a quedar varado y las pérdidas serían enormes.

Sin otra opción, fue al hospital a discutir la situación con Lucía.

Apenas lo vio, Lucía le aventó una almohada con todas sus fuerzas.

—¿Por qué no me hiciste caso? ¿Por qué cambiaste el precio sin consultar?

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