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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 421

Elena se sintió aliviada al ver que su tía Carmen había tomado una decisión bien pensada. Por supuesto, la apoyaría incondicionalmente.

—Tía, si te falta capital, tengo algo de dinero ahorrado. Puedo ayudarte con una parte.

Carmen sonrió.

—No es necesario, mi niña. Como me asociaré con alguien más para abrir el negocio, la presión económica se divide a la mitad. No te preocupes por mí.

Recordando lo que Ariadna le había contado en secreto, preguntó:

—Ese tal Alejandro... ¿de verdad están saliendo?

Elena asintió.

Carmen sintió una mezcla de alegría y preocupación. Le alegraba saber por Ariadna que Alejandro era un buen hombre y que trataba a Elena como a una reina. Además, le daba paz ver que su sobrina había superado el daño de su relación anterior sin dejarse hundir por el miedo a volver a amar. Sin embargo, le preocupaba la enorme brecha social. La familia Vargas era demasiado poderosa, y no era seguro que la aceptaran.

Elena, leyendo su expresión, le sonrió con ternura.

—Tía, no te angusties por mí. Resolveré los problemas a medida que vengan. Ya no soy la niña ingenua de antes que no entendía cómo funciona el mundo. Si decidí estar con él, es porque lo pensé con la cabeza fría.

—Me parece bien —asintió Carmen—. Hagas lo que hagas, siempre te apoyaré. La próxima vez que vengas, podrías traer a Alejandro para que todos lo conozcamos.

—Eso tenía en mente, pero primero quiero ver qué opina mi abuela. Si no está de acuerdo, no voy a traer a Alejandro solo para que tenga que aguantar sus regaños. De todos modos, sin importar lo que piense la abuela, me quedaré con él.

Carmen soltó una carcajada.

—Ay, Elena, me doy cuenta de que has cambiado muchísimo. Antes hacías todo lo que tu abuela decía, te aterraba hacerla enojar o darle malas noticias por miedo a que le afectara la salud. Ahora le dices las cosas como son, sean buenas o malas.

Elena lo meditó un segundo y le dio la razón.

—Supongo que antes estaba acostumbrada a cargar con todo el peso yo sola, creyendo que ocultar lo malo era lo mejor para la familia. Pero he aprendido que si no digo lo que siento, la abuela nunca tendrá la oportunidad de conocerme de verdad. A veces, discutir es una forma de comunicación mucho más sana que una guerra fría.

En el pasado, le aterraban los conflictos y siempre cedía para complacer a los demás. Ahora, se negaba a reprimir su propia voz solo para cuidar las apariencias. No quería vivir así de agotada.

Una vez que la comida estuvo servida, Elena le sirvió un plato de sopa a su abuela Navarro.

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