Diego le entregó el niño a la niñera, dio un paso adelante y la agarró de la muñeca con una mirada sombría.
—Elena, Adriana acaba de dar a luz hace poco y está muy débil. ¿No te parece demasiado cruel haberla golpeado?
Elena soltó una risa fría.
—¿Te duele porque te dio un hijo?
—¿Qué tonterías estás diciendo?
Diego sintió una punzada de culpa por un momento, pero luego fingió calma y soltó la excusa que ya tenía preparada:
—El novio de Adriana no quiso hacerse responsable, dejándola soltera y embarazada. Yo la considero como una hermana y me da lástima, así que decidí ser el padrino de este niño. En el futuro, tú también serás su madrina; debemos quererlo mucho. Además, como tú no puedes tener hijos, mi madre adora al bebé de Adriana y quiere organizarle una celebración por su primer mes. No te hagas ideas raras.
Al ver que decía esas cosas sin el menor rastro de vergüenza, Elena no pudo evitar soltar una risa de indignación.
¿De verdad pensaba que ella era tan estúpida como para creerse sus palabras?
En ese momento, el niño empezó a llorar de repente.
Adriana se levantó para consolarlo y, mientras lo acunaba, le dijo a Elena:
—Elena, por favor, no me malinterpretes más. Nunca quise competir contigo por nada. Últimamente he estado muy débil, por eso Diego le pidió a la familia que me ayudara a cuidar al bebé...
Diego también intentó persuadir a Elena:
—Somos una familia, deja de ser tan desconfiada. ¿No has querido siempre tener un hijo? Maxi es muy bueno; si pasas más tiempo con él, seguro que te encariñarás. Quién sabe, tal vez Maxi sea una bendición y nos traiga nuestro propio hijo.
Tras decir eso, miró con ternura el vientre de Elena.
A ella le dio asco; le daban ganas de vomitar.
Era un descarado.
—¡Diego, jamás seré la madrina de ese niño! —dijo con sarcasmo—. ¿No querías demostrar que el niño no es tuyo? ¡Perfecto! ¡Vayan a hacerse una prueba de ADN en este mismo instante!
Diego frunció el ceño
—Elena, ¿tienes que armar un escándalo aquí?
Elena pensó en el gran regalo que les tenía preparado para la celebración del primer mes del bebé, y se recordó a sí misma que no debía actuar de forma impulsiva.
Aún no era el momento de desenmascararlos por completo.
Se soltó del agarre de Diego y se dio la vuelta para irse.
Él volvió a sujetarla de la muñeca, esta vez con un tono más suave:

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