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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 617

Sin dudarlo un segundo, Carmen lanzó todo el caldo hirviendo, lleno de grasa y especias, directamente sobre Diego.

Los guardaespaldas de Diego, al escuchar el alboroto, se acercaron corriendo para proteger a su jefe.

Sin embargo, al ver el proyectil de sopa picante volando hacia ellos, el instinto de supervivencia pudo más y retrocedieron rápidamente.

Diego recibió el impacto completo.

El líquido grasiento y picante, sumado a los desperdicios anteriores, lo dejaron empapado, emanando un olor nauseabundo que revolvía el estómago.

Sus propios guardaespaldas se cubrieron la nariz, incapaces de reunir el valor para acercarse y ayudarlo.

Al ver que los vecinos y dueños de locales cercanos salían a ver el espectáculo, Carmen alzó la voz a propósito.

—¡Miren todos! —gritó, señalándolo—. ¡Este hombre parece decente, pero es un hipócrita! En su momento, mi sobrina ni siquiera estaba tan interesada en él, pero la acosó y le rogó hasta que la engañó para casarse. ¿Y qué hizo después? Le fue infiel y tuvo un hijo con otra mujer. ¡Y ahora tiene el descaro de venir a suplicar perdón haciéndose el mártir! Les juro, cada vez que este infeliz ponga un pie aquí, ¡lo sacaré a golpes!

Bajo las miradas críticas y los murmullos de desprecio de la multitud, Diego sintió que el orgullo se le hacía pedazos. Con el rostro sombrío y los puños apretados, dio media vuelta y huyó del lugar.

Ariadna, que había estado grabando todo con el teléfono de su madre, se apresuró a enviarle el video a Elena.

«¡Prima, hoy mamá te defendió!»

Elena acababa de terminar su turno en el laboratorio cuando vio el mensaje.

Una vez que vio el video, soltó una carcajada y llamó a su tía.

—¿Tía, ese imbécil fue a molestarte?

—Que venga si quiere, no le tengo miedo —respondió Carmen con orgullo—. Ahora tengo mi propio negocio, no es como cuando trabajaba en el hospital y él podía amenazar a mis jefes para controlarme.

Elena sonrió, aunque sus ojos se llenaron de lágrimas de gratitud.

—Gracias, tía.

Sabía perfectamente que Carmen había soportado muchísima presión en el pasado por su culpa, pero jamás se había quejado ni una sola vez.

—Somos familia, mi niña —la regañó Carmen con cariño—. No tienes por qué darme las gracias.

***

En una noche lluviosa, Hugo sufrió una fuerte caída al salir de su auto. Los médicos confirmaron que se había fracturado el brazo y el fémur, por lo que debía permanecer en reposo absoluto en cama durante al menos quince días.

Por más asco que le diera la situación, Eulalia no tuvo más remedio que pedir permiso en el trabajo para ir a cuidarlo.

Todo su estatus de socialité tecnológica y sus conexiones dependían del dinero de Hugo.

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