Héctor también había sido invitado al escenario para dar una conferencia sobre Inteligencia Artificial.
Diana no esperaba verlo allí. Emocionada, sacó su celular a escondidas para tomarle fotos y grabar un video.
De repente, desde cierto ángulo, a Diana le pareció que las facciones de Héctor tenían un ligero parecido con las de Elena.
Sacudió la cabeza.
Seguramente es mi imaginación.
Al terminar su discurso, Héctor recibió una ovación ensordecedora del público.
En la audiencia, una eminencia académica le murmuró a un colega:
—Hoy en día, quedan muy pocos jóvenes dispuestos a romperse el lomo estudiando de verdad. Personas como Elena y Héctor son una joya rara.
—Si los jóvenes de ahora se dedicaran a la investigación con la misma pasión que ellos, nuestro país tendría un futuro brillante —coincidió su amigo.
Una vez clausurada la cumbre, Héctor se acercó a saludar a Elena.
A ella le había fascinado el contenido de su presentación, así que aprovechó para hacerle un par de preguntas muy técnicas.
Héctor le explicó pacientemente y luego añadió:
—Cuando llegue a casa te enviaré unos artículos de investigación. Si los lees, te quedará mucho más claro.
—Perfecto, te lo agradezco muchísimo —asintió Elena.
Diana los escuchaba debatir sobre aplicaciones de IA en la medicina y sentía que la cabeza le daba vueltas.
Pero eso no le impedía admirar la innegable belleza de ambos y, sobre todo, lo increíblemente sexys que eran sus intelectos.
En el fondo, sentía un poco de envidia hacia Elena por ser capaz de mantener una conversación de tan alto nivel con Héctor.
Si algún día logro ser tan brillante como ella, ¿Héctor y yo tendríamos temas en común?
Pensar en eso le encendió una chispa de motivación. Quería superarse a sí misma, quería ser excepcional.
Tras terminar de hablar de temas profesionales, Héctor añadió:
—La Universidad Río tendrá un nuevo proyecto con su laboratorio muy pronto, así que supongo que nos veremos seguido para seguir debatiendo.
—Espero con ansias esa colaboración —sonrió Elena.
Diana no pudo evitar emocionarse al pensar que, si eso pasaba, podría ver a Héctor con mucha más frecuencia.
***
Esa noche, al volver a casa, la señora Salinas había preparado sus platillos favoritos: una sopa de verduras casera, costillas glaseadas, carne asada con pimientos, arroz con camarones y una ensalada fresca.

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