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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 664

—Lo haré —prometió Elena.

Alejandro buscó una manta pequeña y se la entregó.

—El aire nuevo seguramente enfriará bastante, póntela en la oficina para que no te resfríes.

—Está bien.

Antes de salir por la puerta, Elena no pudo resistir el impulso, se paró de puntillas y le dio un dulce beso en la mejilla.

—Ya me voy. Nos vemos en la noche.

Al llegar al laboratorio, Santiago ya estaba allí, visiblemente eufórico.

—¡Es un milagro! Este maldito aire siempre se daña en esta época del año y nunca queda bien hasta que lo arreglan cinco veces. Pero este año se lucieron, ¡nos instalaron uno nuevo de paquete!

Elena solo sonrió, guardándose el secreto de que Alejandro era el verdadero héroe de la historia.

Un rato después, llegó Diana con dos vasos de café helado en las manos.

El día anterior, ella también había sufrido el infierno del calor en la oficina y estuvo a punto de irse a su casa con tal de huir del bochorno.

Pero se aguantó. Si se iba, corría el riesgo de que Elena la despidiera sin pensarlo dos veces.

Hoy, al ver el aire nuevo, el alma le volvió al cuerpo.

Se acercó a Elena y le ofreció uno de los vasos con una gran sonrisa.

—Ten, Elena. Un cafecito para ti.

Como Elena no estaba consumiendo bebidas frías y además evitaba la cafeína por su embarazo, se lo pasó directamente a Santiago.

—Gracias, Diana —dijo Santiago, tomando el vaso con gusto.

Diana la miró con curiosidad.

—Oye, si no tomas café, ¿cómo le haces para tener tanta energía todo el día?

—Es verdad —añadió Santiago—. Antes no soltabas el café por nada del mundo. ¿Por qué el cambio?

Obviamente, Elena no iba a revelar que estaba embarazada.

Solo sonrió y soltó la primera excusa que se le vino a la mente.

—Ya me tomé uno en casa.

Ninguno de los dos hizo más preguntas.

Esa noche tenían una cena de negocios obligatoria. Como el profesor Álvarez aún estaba en recuperación, Elena o Santiago debían asistir. Esta vez, Elena decidió llevar a Diana con ella.

Durante la velada, hubo varios brindis importantes y, al ver que Elena no bebía, Diana se ofreció a cubrirla y tomó en su lugar.

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