***
Alejandro estaba jugando póker con un amigo.
Su guardaespaldas se acercó y le informó en voz baja:
—La señorita Navarro ya está a salvo. El señor Romero la llevó al Hotel Grand.
Alejandro asintió y tiró una carta sobre la mesa.
Javier Cortés, picado por la curiosidad, le preguntó:
—¿Cuál señorita Navarro? ¿Esa amiga tuya con la que se te nota algo más?
Alejandro le dirigió una mirada fría y no respondió.
Al ver que su amigo era una tumba, Javier se dirigió al guardaespaldas:
—Esa tal señorita Navarro, ¿es la novia del director Vargas?
El guardaespaldas puso cara de apuro, sin atreverse a revelar la vida privada de su jefe.
Como Javier parecía dispuesto a ser un preguntón hasta sacar la verdad, Alejandro por fin habló:
—Es solo una amiga. La secuestraron y mandé a alguien a que se asegurara de que estuviera bien.
—¿Y por qué no fuiste tú en persona?
—No era necesario —respondió Alejandro.
De haber ido él, no habría llegado a tiempo. Además, sus hombres hacían el trabajo rápido y sin hacer preguntas.
Al escuchar que solo había mandado a sus empleados, Javier asumió que a Alejandro no le interesaba la chica en un sentido romántico. De no ser así, ¿cómo podía mantenerse tan sereno mientras ella estaba en peligro?
Aun así, seguía pensando que Alejandro era un hombre demasiado frío. En todos esos años, ninguna mujer había logrado robarle el corazón. Ni siquiera alguien tan inteligente y hermosa como Isidora Valverde, una chica de la alta sociedad, había logrado llamar su atención.
Javier no tenía idea de qué clase de mujer podría domar a alguien así en el futuro.
Tras terminar la partida de póker, Alejandro regresó a su casa en coche.
Aquella noche se cumplía un año más de la muerte de su hermano menor. No estaba de muy buen humor, razón por la cual había aceptado salir con Javier para distraerse un rato.
De pronto, su celular vibró.
Abrió WhatsApp y vio un mensaje de Isidora.
[Alejandro, ¿fuiste a Ciudad del Río? Pensé que este año me acompañarías a visitar a Matías.]
Alejandro no respondió. Se recargó en el asiento y cerró los ojos. Al cerrar los ojos, la imagen de Matías sobre la mesa de operaciones volvió a imponerse con una claridad cruel.
—Está ocupado. Abuela, mejor vayamos a descansar. Lo de anoche fue solo un susto; no le dé más vueltas.
Su tía se dio cuenta de que algo andaba mal, pero no dijo nada. Solo la miró con preocupación.
Tras dejarlas en casa, Elena fue al supermercado a comprar algo de carne, verduras y cosas para la casa. Después regresó a su departamento, lista para adelantar un poco de trabajo.
Apenas iba llegando cuando recibió una llamada de la comisaría.
—Señorita Navarro, ya interrogamos al sospechoso. Asegura que todo fue idea suya y que nadie lo contrató.
Elena sintió un tirón seco en el pecho. No creía ni por un segundo que Adriana no tuviera nada que ver.
Lo que Adriana le había dicho por teléfono la noche anterior demostraba que estaba al tanto del secuestro. Era imposible que fuera inocente.
Sin embargo, si la policía decía eso, ella no tenía pruebas para contradecirlo.
Colgó el teléfono y, tras pensarlo un momento, decidió marcarle a Diego.
Si él estaba tan empeñado en encubrir a Adriana, ella iba a hacer que le costara caro. Alejandro le había prestado cinco millones y tenía que pagarlos. Ya que Adriana también tenía la culpa de esa desgracia, y Diego insistía en protegerla, él iba a ser quien pagara la deuda.
Diego se sorprendió un poco al escucharla:
—Elena, ¿qué pasó?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....