Diego era el orgullo de la familia, el niño de oro. Desde que era pequeño, ella siempre había encontrado la manera de darle todo lo que pedía.
Frente a cualquier obstáculo, ella movía cielo y tierra para ayudarlo, y si ella no podía, sus tres hermanas se encargaban de solucionarlo.
Lo habían criado entre algodones, empujándolo hacia la cima con la esperanza de que pronto tomara las riendas del Grupo Romero y asegurara el patrimonio familiar, lejos del alcance de aquella amante y su hijo ilegítimo.
Diego era su única esperanza, su pilar de vida. Verlo desmoronarse era más de lo que podía soportar.
Al ver la profunda preocupación en el rostro de su madre, Diego pareció volver a la realidad por un instante.
—Mamá, estuve pensando en algunas cosas y me sentí un poco decaído. No tienes de qué preocuparte, ni hace falta que traigas a nadie a evaluarme. Se me pasará en un par de días.
Sintiendo un gran alivio al escucharlo hablar, Beatriz asintió vigorosamente.
—Está bien, pero prométeme que comerás bien. No quiero que te enfermes de nuevo por no alimentarte.
—Lo prometo.
Poco después, Adriana entró con la cena en una bandeja. Al ver que Diego estaba dispuesto a probar bocado, sintió un rayo de esperanza.
Cuando él terminó, ella quiso acercarse para limpiarle el rostro y las manos, tal como lo hacía siempre.
Pero Diego esquivó su toque.
—Yo puedo solo.
Adriana se quedó helada, pero forzó una sonrisa para disimular la humillación.
—Diego... ¿te gustaría volver a nuestra recámara? Así podría cuidar mejor de ti.
La expresión de él se volvió aún más fría.
—Ya veremos. Por ahora, me quedo en el estudio.
Ella apretó los puños. Un presentimiento sombrío le retorció el estómago, pero no se atrevió a contradecirlo. Mantuvo su fachada de esposa devota y asintió.
—Como quieras.
A la tarde siguiente, al salir del trabajo, Adriana pasó por un centro comercial con la intención de comprarle un abrigo nuevo a Diego.
Mientras caminaba frente a las boutiques de lujo, su mirada se topó con Elena.
Al notar su abultado vientre, sus ojos se abrieron de par en par.
Era imposible. Se suponía que Elena no podía quedar embarazada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....