Adriana sentía que había sido apuñalada por la espalda una y otra vez. Era como si cada herida de su corazón hubiera cicatrizado solo para ser desgarrada con más violencia. Quería ver arder al mundo entero junto con ella.
Le importaba un demonio la decencia, la razón o las buenas costumbres.
Quería enloquecer, quería arrastrar a Diego con ella hacia el mismo abismo de miseria.
¿Con qué derecho él seguía actuando como si nada, viajando a Ciudad del Norte solo para mendigar la atención de Elena?
¡Mírala ahora, a la gran Elena! Todo le salía perfecto.
El amor, el matrimonio, su carrera; todo era un lecho de rosas para ella.
Mientras que Adriana se ahogaba en el fango.
Diego ya no tenía paciencia para sus gritos. Se volvió hacia su asistente con frialdad.
—Enciérrala. Contrata al mejor psiquiatra que el dinero pueda pagar para que la medique. Y a partir de hoy, tiene prohibido acercarse al niño.
—Entendido, señor.
Inmediatamente después, Diego llamó a su madre para pedirle que viajara al norte a recoger al bebé.
Beatriz sonaba exhausta. La locura incontrolable de Adriana y la enfermedad de su nieto habían consumido su vitalidad, envejeciéndola de golpe.
Sus migrañas crónicas habían empeorado tanto que apenas podía salir de la cama.
—Diego, por favor, tráelo tú. No tengo las fuerzas para hacer ese viaje, mucho menos para cuidar a un bebé en estas condiciones.
Diego apretó los puños, frustrado.
La salud de su madre se había deteriorado gravemente.
Sus tres hermanas estaban demasiado ahogadas en sus propios problemas familiares como para tenderle la mano.
Y dejar a su hijo exclusivamente a cargo de las niñeras le parecía inaceptable.
Después de todo, Maxi estaba luchando por su vida.
En el momento en que más necesitaba a su familia, no había nadie que pudiera apoyarlo. El estrés lo estaba devorando vivo.
No le quedaba más opción que acelerar sus negocios y robarle horas al sueño para poder estar con su hijo.
En la soledad de la noche, no podía evitar atormentarse con el mismo pensamiento: Si nunca hubiera conocido a Adriana...
Si se hubiera quedado con Elena, hoy tendría una familia perfecta, un hogar lleno de amor y una carrera impecable. Jamás habría conocido este nivel de miseria.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....