Alejandro frunció el ceño con disgusto.
—No puedo creer que mi madre siga empecinada en hacernos la vida imposible, metiendo las narices donde no la llaman. Si ya confirmaste que es una espía, despídela de inmediato.
—No, hay que tener paciencia —lo detuvo Elena con calma—. Si la echamos hoy mismo, tu madre no tardará ni un segundo en meter a otra infiltrada. Mi plan es hacerle la vida tan imposible aquí que ella sola suplique irse. Mientras tanto, buscaremos con calma a alguien de entera confianza para reemplazarla y tomaremos a tu madre por sorpresa.
—Me parece perfecto. Hazlo como mejor te parezca —accedió él, confiando plenamente en ella.
***
Esa misma noche, después de limpiar la cocina, la señora Molina vio a la señora Medina trapeando el piso de la sala. Se acercó rápidamente, tomando un paño para fingir que limpiaba los sillones y la mesa de centro.
—No se moleste, yo me encargo de esto. Usted ya hizo bastante con la cena, vaya a descansar —le dijo la señora Medina con amabilidad.
La señora Molina forzó una sonrisa complaciente.
—Nosotras, las mujeres de campo, no sabemos quedarnos quietas. Sería el colmo ver a otra persona trabajando y yo sentada sin hacer nada.
Al ver su supuesta buena disposición, la señora Medina cedió.
—Bueno, entonces la próxima vez que usted cocine, yo le ayudaré a picar y preparar los ingredientes.
No quería deberle favores a nadie, y menos en su lugar de trabajo.
Aunque la señora Molina notó la distancia educada de su compañera, no se dio por vencida y, sin dejar de limpiar, lanzó su veneno:
—Oiga, dicen por ahí que la señorita Elena y el director Vargas están juntados sin papeles... ¡Viviendo en pecado y hasta con una niña! Las muchachas de hoy en día no tienen vergüenza, en mis tiempos eso era un escándalo, una completa deshonra.
La señora Medina se quedó en silencio.
Para ella, una regla de oro al trabajar en casa ajena era jamás involucrarse en chismes. Si la señora Molina quería morder la mano que le daba de comer, era su problema.
Pero la mujer no paró ahí:
—Además, me contaron que la historia de esta señorita es de telenovela. Creció en un pueblo perdido y luego unos ricos de Ciudad del Norte la reclamaron como su hija legítima. Pero, mírela bien, ¿qué tiene ella de dama de la alta sociedad? Las verdaderas señoritas no se andan revolcando sin título ni anillo, ni le andan pariendo hijos a escondidas a un hombre.
»Y otra cosa, está muy bonita y todo, y dice que sale a trabajar... ¡pero quién sabe qué clase de trabajo hace! Dicen las malas lenguas que a los ricos de esta ciudad les encantan las trepadoras casadas como ella, como si fuera una cualquiera.
La paciencia de la señora Medina llegó a su límite. Le arrebató el trapo de las manos de un tirón.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....