La señora Molina esperaba que Paloma la recontratara. Al ver que la echaba a la calle, el pánico se apoderó de ella.
—¡Señora Vargas, se lo ruego! ¿No podría darme una sola oportunidad?
Paloma la fulminó con la mirada.
—Ya te di una oportunidad y la echaste a la basura. ¿A quién pretendes culpar? Ahórrate tus lágrimas de cocodrilo, que conmigo no funcionan. ¡Lárgate ahora mismo!
Los guardaespaldas dieron un paso al frente para escoltar a la mujer hacia la salida.
Al ver que no había marcha atrás, la señora Molina se marchó con los ojos enrojecidos de tanto llorar.
Paloma dio un sorbo a su té y suspiró con frustración.
—Nunca puedo encontrar a alguien que sirva para algo.
***
El sábado era el cumpleaños de Bianca.
Elena había reservado una mesa en un restaurante exclusivo desde hacía semanas.
Ella y Alejandro, llevando de la mano a la pequeña Aurora, llegaron puntuales al lugar.
Ese día el restaurante también celebraba su aniversario, por lo que habían contratado a un cuarteto de música clásica.
Cuando llegaron a la entrada, los músicos estaban justo metiendo sus instrumentos.
Alejandro tomó a la niña en brazos y protegió a Elena con su cuerpo, haciéndose a un lado para dejar pasar al grupo.
Los ojitos de Aurora brillaban de curiosidad al ver los estuches de los violonchelos y violines.
Una vez que los músicos entraron, la familia hizo lo mismo.
Elena sonrió complacida.
—Qué gran coincidencia. Me parece que ese ensamble es bastante reconocido. Mamá estará encantada de escuchar música en vivo esta noche.
Desde la dolorosa pérdida de sus gemelos, Bianca no había vuelto a celebrar su cumpleaños.
Pero saber que su hija lo había organizado todo para ella, le había llenado el corazón de una alegría inmensa.
Héctor le había hecho llegar su regalo muy temprano, avisándole que pasaría más tarde a cenar con ella junto a Amelia. Bianca entendía perfectamente lo difícil que era mantener una relación a distancia, por lo que le insistió a su hijo que priorizara a su esposa. Mientras su matrimonio estuviera fuerte, ella estaría feliz.
Para Bianca, la felicidad de sus hijos valía mucho más que cualquier festejo.
Al entrar al restaurante, Aurora corrió hacia Bianca y se le colgó del cuello.
—¡Abuelita! —gritó con su dulce voz.
El corazón de Bianca se desbordó de ternura.
Dante tomó a la niña en brazos mientras tomaban asiento en la mesa reservada.
Elena le acercó el menú a su madre.
—Mamá, pide lo que se te antoje. En un rato empezará el espectáculo.
Bianca la miró con los ojos llenos de luz.
—Claro que sí, mi amor.
Y sin dudarlo, ordenó todos los platillos que sabía que eran los favoritos de Elena.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....