Al ver su descaro para mentir, Elena sonrió con sarcasmo.
—Si le pagaste a alguien para que te ayudara, ¿por qué en el video se ve claramente que esa persona es quien te está transfiriendo dinero a ti?
La señora Molina se quedó muda, sin saber qué inventar.
Elena la miró con hielo en los ojos.
—No puedo permitir que una persona como tú siga bajo mi techo. Hoy me robas la comida, mañana eres capaz de desvalijar toda la casa. Recoge tus cosas y lárgate de inmediato.
Al verse descubierta, la mujer optó por el drama: se tiró de rodillas al suelo, comenzó a llorar a mares y le suplicó a Elena que le diera otra oportunidad.
Creía que por ser joven, Elena se ablandaría y la perdonaría.
Pero el rostro de Elena no mostró ni una pizca de lástima.
—Si no te vas en este instante, llamo a la policía. Entregaré los videos como prueba de robo. Con antecedentes penales, te aseguro que jamás volverás a conseguir trabajo en este sector.
Al ver que Elena hablaba muy en serio, la mujer dejó de hacer su teatro. Con el rostro desencajado, fue a empacar sus cosas y se marchó con el rabo entre las piernas.
Al día siguiente, el señor Campos llegó acompañado de la señora Ortega.
Ella era la nueva cocinera que Bianca había seleccionado cuidadosamente.
Elena la saludó con un asentimiento y le indicó por dónde pasar.
La señora Ortega era de pocas palabras, pero muy eficiente. En un abrir y cerrar de ojos, ya tenía listo el desayuno.
Al ver que Elena estaba por salir al trabajo, le empacó una porción en un elegante recipiente térmico para que se lo llevara.
Una vez en su oficina, Elena abrió el recipiente. El aroma era delicioso: había huevos fritos, empanadas de camarón y una porción de brócoli al vapor.
Diana, que iba entrando en ese momento, percibió el olor y preguntó con curiosidad:
—Elena, ¿cambiaste de señora cocinera? ¡Ese desayuno huele riquísimo!
En ocasiones anteriores, cuando Elena no tenía tiempo de desayunar en casa, se llevaba la comida a la oficina.
Diana había notado que los platillos de la empleada anterior eran siempre desabridos y aburridos. Parecía que solo sabía preparar lo mismo todos los días.
Solo alguien con el buen carácter de Elena había podido soportar a una cocinera tan mediocre.
Elena tomó sus cubiertos y asintió.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....