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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 951

La pareja llegó a la calle comercial más exclusiva de Ciudad del Norte.

Allí se concentraban tanto las grandes firmas de lujo como marcas independientes de diseñador.

Viviana le dijo a Hugo que quería darle un toque más moderno a su estilo y lo guio hacia una elegante boutique independiente.

Casualmente, Elena y su familia también se encontraban en esa misma tienda.

Elena estaba ocupada buscando un abrigo y un sombrero para la abuela Navarro.

Al notar que la anciana parecía cansada de tanto caminar, le pidió que se sentara en un sillón y se arrodilló frente a ella para masajearle suavemente las pantorrillas.

Hugo observó la tierna dedicación de Elena hacia su abuela y sintió un profundo vacío en el pecho.

Él era su padre biológico, pero nunca había recibido de ella ni siquiera una buena cara, mucho menos un trato tan afectuoso.

Si Elena le mostrara al menos la mitad del respeto y cariño que le daba a esa anciana, él ya le habría cedido una buena parte de las acciones de la empresa.

Lo que él pedía no era complicado; solo quería que fuera una buena hija, que fuera dócil y lo respetara.

¿Acaso era mucho pedir?

Viviana también se dio cuenta de la presencia de Elena y su grupo. Miró a Hugo y le preguntó:

—¿Quieres que nos acerquemos a saludar?

—No hace falta —respondió Hugo con frialdad—. Esa muchacha heredó el carácter terco de Bianca. Nunca tiene una buena actitud conmigo, así que ignórala. Sigamos viendo nuestras cosas.

Viviana sintió una gran satisfacción al notar la indiferencia de Hugo hacia su hija biológica.

Lo que más deseaba era que la relación entre ambos se volviera aún más fría y distante. Solo así, ella y su hijo podrían heredar toda la fortuna de la familia Valiente sin obstáculos.

Mientras tanto, Elena no escatimaba en gastos al comprar cosas para su abuela, su tía y Ariadna. Si algo les quedaba bien, lo compraba sin mirar el precio.

Al ver la cantidad de bolsas, la abuela Navarro le susurró para detenerla:

—Ya es suficiente, hija. Yo solo vine a verte, no quiero que gastes tus ahorros. Guarda tu dinero para comprarle juguetes y ropita a Aurora.

—Casi nunca tengo la oportunidad de consentirlas, así que no se preocupe por el dinero —respondió Elena con una sonrisa dulce.

Le dolía en el alma no poder ir a visitarla con más frecuencia ni estar allí para cuidarla.

Si ni siquiera pudiera comprarles un par de detalles, el sentimiento de culpa sería insoportable.

En ese momento, Alejandro notó que Ariadna no dejaba de mirar fascinada una exclusiva tienda de peluches de diseñador que estaba al lado.

—Ariadna, ¿quieres que entremos a echar un vistazo? —le preguntó.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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