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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 904

—Eran... gente de la señora Estévez. Cuando Ainhoa se enteró de que andabas en Estados de Arrecife, aprovechó para mandar a que te mataran. Allá, una muerte más no le importa a nadie, era el escenario perfecto. Lo que no me cabe en la cabeza es cómo pudo ser tan despiadada. A fin de cuentas, tú y Saúl... pues ya están juntos, ¡eres su futura nuera! Por muy mal que le caigas, no tenía por qué llegar a esos extremos.

Cecilia apretó los puños por inercia, aunque apenas y tenía fuerza para hacerlo.

Ainhoa Estévez de Rivas.

¡Qué mujer tan perversa!

No tenían ningún conflicto directo, pero la mujer estaba empeñada en borrarla del mapa.

¿De verdad la consideraba una amenaza tan grande como para asesinarla?

Un escalofrío le recorrió la espalda.

Había hecho un trato con ella: nunca revelaría su secreto.

Pero al parecer, Ainhoa seguía sin confiar.

—Cecilia, ¿tuviste algún pleito con Ainhoa? ¿Qué pasó entre ustedes? —indagó Valeria.

—Sí, la verdad es que tuvimos un roce, pero esto...

—¿Prefieres no platicármelo? Está bien, no te presiono. Pero cuídate mucho. Si no lograron su objetivo allá, es muy probable que lo intenten aquí. ¡Ponte lista!

Al notar la preocupación de Valeria, Cecilia recapacitó. Ya no podía quedarse de brazos cruzados.

—Señora Ledesma, si ella no juega limpio, yo tampoco lo haré. Le voy a contar todo: yo sé un secreto muy sucio de Ainhoa, por eso me quiere muerta.

—¿Un secreto? —Valeria abrió mucho los ojos.

—Sí. Ella engañó a Cristian Rivas hace tiempo. Se enredó con Jaime Calderón, el papá de Anaís Calderón. Una vez los caché en un hotel, y desde entonces no ha parado de buscar cómo deshacerse de mí.

—¡No manches! ¿De verdad? ¡Qué descaro! ¡Cómo se atrevió a ponerle el cuerno de esa forma!

Y hoy no era la excepción.

—Cecilia, ¿cómo te sientes hoy?

—Mucho mejor, señora Ledesma. Me gustaría salir a caminar un rato, ¿se puede?

—¡Ay, no! Tus heridas aún no cierran bien, tú hazle caso al doctor y quédate acostadita. Lo que se te antoje, yo te lo mando traer. ¡Tú nada más pide por esa boca!

Al ver la enorme sonrisa de Valeria, una pequeña sospecha comenzó a rondar por la cabeza de Cecilia.

¿Por qué tanta insistencia en mantenerla encerrada?

Y además, ¿cómo era posible que en tanto tiempo no hubiera podido contactar ni a la familia Galindo ni a Saúl? ¡No tenía lógica!

¡Saúl debía estar moviendo cielo, mar y tierra para encontrarla! ¡No podía estar ilocalizable!

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