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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 905

—Pero, señora Ledesma, llevo medio mes acostada. Conozco mi cuerpo, solo quiero salir un momento.

Diciendo esto, Cecilia hizo el esfuerzo de levantarse de la cama.

Pero su cuerpo le falló y cayó de espaldas sobre el colchón.

—¡Ya ves! Te dije que aún no estabas bien y no me haces caso. Todavía no te recuperas, ¿cómo crees que vas a salir? Si ni bajarte de la cama puedes. ¡Hazme caso y quédate ahí! —Valeria le acomodó las cobijas.

Luego, le lanzó una mirada severa a la asistente.

—Vigila bien a la señorita Galindo. Si le pasa algo, te la vas a ver conmigo.

—Sí, señora —asintió la mujer.

—Cecilia, descansa. Ya me voy.

Tras despedirse, Valeria salió de la habitación.

Quedaron solas la enfermera y ella.

Todo ese ambiente le dio a Cecilia una pésima espina.

Un presentimiento bastante turbio empezó a formarse en su interior.

Fue entonces cuando observó la habitación con más detalle. ¡No había ventanas!

Así es, ¡ni una sola ventana!

Las habitaciones de los hospitales siempre tienen ventanas, ¿por qué esta no?

¿Acaso no estaba en un hospital?

Cerró los ojos para concentrarse y repasó la situación en su mente. ¡Valeria ocultaba algo!

¡Esa no era la Valeria que ella conocía!

La asistente se quedó observándola un rato, y al ver que Cecilia mantenía los ojos cerrados, pensó que se había dormido y salió del cuarto.

En cuanto se fue, Cecilia intentó incorporarse de nuevo, pero estaba completamente débil.

¡Falló en el intento!

Después de forcejear consigo misma un par de veces, terminó rodando y cayendo al suelo.

—¡Ah!

Al golpearse, sintió un tirón en las heridas y soltó un quejido.

Miró sus manos con extrañeza. Eso no era normal.

Por más malherida que estuviera, no tenía sentido que sus brazos estuvieran paralizados.

Estaban tan débiles que no aguantaban ni el peso de un vaso.

Además, después de tantos días en reposo, sus heridas ya debían haber sanado lo suficiente como para poder caminar un poco.

Dicho esto, prácticamente la arrastró de vuelta a la cama y la arropó.

Cecilia se quedó sin palabras al darse cuenta de la situación.

¡Definitivamente estaba secuestrada!

Pero, ¿con qué intención lo hacía Valeria?

¿Qué era lo que buscaba?

Se la había pasado fingiendo todo este tiempo y ella apenas abría los ojos.

—¡Quiero salir! ¡Déjeme salir ahorita mismo, ¿me oye?! —le gritó Cecilia a la mujer.

—¡Bájele a sus gritos! Si la dejo salir, la que se muere soy yo. Así que acuéstese y no dé lata —le contestó secamente antes de marcharse.

Cecilia se quedó acostada, con la cabeza hecha un torbellino.

Aún no lograba conectar los puntos.

Si Valeria le había salvado la vida, ¿por qué la mantenía cautiva?

En el instante en que abrieron la puerta, alcanzó a ver un poco del pasillo.

Efectivamente, no estaba en un hospital; eso era una mansión privada.

Eso significaba que, desde el primer momento, el plan de Valeria era secuestrarla y mantenerla encerrada en ese lugar.

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