—Si te digo que estoy dispuesta a apoyarte con todo para que te quedes con la familia Rivas, ¿qué te parece el trato?
—¿Y qué capital tienes tú para lograrlo? —preguntó Leandro con escepticismo.
—El Grupo Alcántara es mío, y el Estudio Cobalto también. Con estas dos empresas líderes respaldándote, dime si no tengo el capital suficiente.
—¿El Grupo Alcántara también es tuyo? —Eso sí que tomó por sorpresa a Leandro.
Ya se había filtrado en internet información sobre el Estudio Cobalto, así que sabía que Cecilia era la dueña detrás de todo.
Sin embargo, el hecho de que el Grupo Alcántara le perteneciera era algo totalmente inesperado.
—Exacto. ¿Qué me dices?
—¡Trato hecho! —aceptó Leandro sin dudarlo.
—Pero tengo una condición más —añadió Cecilia.
—¿Qué más quieres?
—Mi hermano y su novia están retenidos por tu madre. Quiero que me ayudes a sacarlos de aquí.
—En ese caso, yo también tengo una pregunta para ti. Si Saúl y yo nos disputamos el control de la familia Rivas, ¿aún así cumplirías tu promesa?
—Sí —respondió Cecilia con firmeza—. Si te di mi palabra, la voy a cumplir.
Además, ella confiaba en Saúl. Sabía que él no tenía el menor interés en la fortuna de los Rivas.
—Muy bien. ¡Déjame el asunto de tu hermano a mí!
Tras decir esto, Leandro se dejó caer sobre la cama.
—¿Qué haces? —preguntó Cecilia poniéndose a la defensiva.
—Tranquila, no te haré nada. Cerraron la puerta por fuera, así que no podemos salir. Y como solo hay una cama, ¡vamos a tener que conformarnos por esta noche!
Cecilia se sintió un poco más aliviada. Solo esperaba que Leandro se comportara como un caballero.
Así transcurrió la noche.
Al día siguiente.
Valeria y Dalila entraron a la habitación.
—Cecilia, no me culpes. Solo quiero que tengas un hijo de Leandro lo antes posible. ¡Y estoy segura de que quedarás embarazada muy pronto!
—¿A qué te refieres?
—Ayer ordené que le pusieran medicamentos para inducir la ovulación a tu comida. Así que es casi un hecho que quedarás embarazada. ¡Estoy ansiosa por tener a mi nieto!
Cecilia se quedó helada.
¡Jamás imaginó que Valeria pudiera ser tan descarada!
¡Darle medicinas para ovular sin su consentimiento!
Por suerte, no había pasado nada la noche anterior; de lo contrario, era muy probable que ya estuviera esperando un hijo.
Durante todo el día, Cecilia no tuvo ninguna oportunidad de salir.
Esa noche, le tocó dormir de nuevo en la misma cama que Leandro.
—Leandro, qué buena actuación te cargas. Ni siquiera cuando Saúl te puso a prueba logró descubrirte —comentó Cecilia con sarcasmo.
—Claro que no me iba a descubrir. El primer año sí perdí la memoria y quedé como un idiota, pero un día de repente me recuperé. Solo después de quedar en ese estado, me di cuenta de lo repugnantes que eran las personas a mi alrededor. Pensando que no entendía nada por ser un retrasado, me humillaban en mi cara y hablaban mal de mí sin ningún reparo.

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