—En aquel entonces, Saúl vino a ponerme a prueba. ¿Cómo iba a dejar que me descubriera? Así que seguí haciéndome el idiota. Pensé que era divertido; después de todo, ¿quién desconfiaría de un tonto? ¿Crees que yo quería esto? ¡Me obligaron!
—El accidente automovilístico que sufrí en el extranjero hace años fue provocado. Alguien quería verme muerto. ¡La única forma de descubrir la verdad era fingir que había perdido la razón!
—¿Y lo descubriste? —preguntó Cecilia—. ¿Quién fue el culpable?
Leandro soltó un bufido frío.
—¿Pues quién más va a ser? ¡Por supuesto que fue Saúl!
Cecilia se quedó atónita.
—¿Saúl? ¿De verdad sospechas de él? Acaso... ¡acaso la parálisis que sufrió Saúl hace años fue obra tuya para vengarte!
Leandro sonrió con sarcasmo.
—¿Tú qué crees? Yo me hice el idiota por años, ¿no era justo que él pasara un par de años paralítico?
De pronto, Cecilia sintió que ese hombre era aterrador.
—Leandro, seguro que estás equivocado. La persona que provocó tu accidente definitivamente no fue Saúl. Conozco qué clase de persona es; él no haría algo así. ¡Te estás vengando de la persona equivocada!
—¡Cállate la boca! No creas que no sé que te gusta Saúl y por eso lo defiendes en todo. ¿Crees que soy ciego? Antes de mi accidente, yo era el presidente del Grupo Rivas. ¡Pero justo después de que me pasó eso, él tomó mi lugar como presidente!
—¡No! ¡Eso no es cierto!
—¡Ya te darás cuenta en el futuro si es cierto o no! ¡A dormir! —ordenó Leandro con frialdad.
Cecilia tenía la cabeza hecha un lío.
El agresor que Saúl había estado buscando desesperadamente resultó ser Leandro.
Quién iba a pensar que un supuesto idiota como Leandro sería un experto en el engaño.
...
Al día siguiente.
Valeria de repente llamó a los sirvientes para que la arreglaran, anunciando que llevaría a Cecilia de regreso a la mansión de la familia Rivas.
Cecilia tuvo un mal presentimiento.
¿Qué significaba que Valeria la llevara a la familia Rivas?
Incluso Claudia no podía dar crédito a lo que veía.
¿Esa era la misma madre que conocía?
Antes siempre se quejaba de que su madre era demasiado cobarde, dejando que Zoe y Ainhoa se le subieran a las barbas.
Llegó a odiarla por eso.
Ahora que finalmente se mostraba firme, por alguna razón le daba un poco de miedo.
Tal vez era porque había visto con sus propios ojos cómo Ismael moría frente a ella.
Su madre, que siempre se la pasaba leyendo la Biblia y yendo a rezar a la iglesia, resultaba ser implacable cuando se lo proponía.
—Cristian... Cristian... —balbuceó Zoe, totalmente desubicada.
Al ver que no podía ganarle a Valeria, buscó con la mirada a Cristian.
Justo en ese momento, Saúl entró a la casa.
—¿Por qué hay tanta gente hoy? —dijo Saúl, y de pronto su mirada se clavó en Cecilia.

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