CAPÍTULO 14. Sueños y agua bendita
Raven estiró la mano y apoyó los dedos sobre su abdomen. Lo tenía duro como un pedazo de mármol y más definido de lo que cualquiera podría imaginar. Deslizó los dedos despacio sobre su piel, contando en voz baja.
—Uno… dos… tres…
Llegó hasta el quinto “cuadrito” y se desperezó mentalmente porque estaba a punto de babear. ¡Si es que era imposible no hacerlo! Si eso estaba así… ¿cómo sería lo demás?
Pero antes de que pudiera deleitarse la vista y la curiosidad con “todo lo demás”, la voz profunda de Rowan la sobresaltó.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó él abriendo los ojos de pronto y la vio ponerse colorada hasta la raíz del cabello.
—¡Joder, qué susto! —exclamó ella dando un salto y retirando la mano como si él le hubiera prendido fuego, y por supuesto soltó el elástico de su pantalón, que hizo un ruido seco contra su piel—. ¡Lo siento! ¡Lo siento, solo estaba…! ¡Te juro que no vi nada! —trató de defenderse al mismo tiempo que lo consolaba, ¡pero ni cómo consolarlo donde el elástico le había pegado!
—¿Y si no viste nada entonces por qué el susto? —la increpó Rowan y ella apretó los labios como una niña capturada infraganti en una travesura. ¡Y él evidentemente lo estaba disfrutando!— Entonces… ¿qué estabas haciendo?
—Este… obviamente aprovechándome de ti —susurró ella bajando la mirada, y Rowan sintió que se derretía por dentro, todavía más.
“¡Dios, si parece una cachorrita perdida! ¿Cómo puede ser tan adorable la condenada?”
Rowan arqueó una ceja y la miró con picardía, aunque su rostro aún seguía enrojecido por la fiebre.
—Puedo sentirlo —le advirtió y ella abrió los ojos como platos.
—¿Eh…?
—No siento dolor, pero sí puedo percibir el tacto… y todo tu paseo por mis cuadritos —continuó y sonrió internamente porque ella parecía más paralizada que él—. Puedo sentir el tacto, la presión, temperatura… algunas texturas. Por eso me gustan los masajes.
Raven lo observó con interés, algo avergonzada y al mismo tiempo fascinada. Ese dato era nuevo… y comprometedora e injustamente atractivo.
—No tenía idea de que podías sentir esas cosas —murmuró, porque debía ser difícil estar atrapado dentro de su propio cuerpo—. Entonces supongo que aprenderé a darte masajes —dijo, recuperando el tono ligero y Rowan soltó una carcajada débil.
—Con ese entusiasmo, empiezo a sentirme mejor.
Ambos rieron, y por un momento, la tensión se disipó, como si la fiebre no existiera, como si todo lo demás no importara.
—Duérmete, prometo que te despertaré si quiero seguir explorando —suspiró ella y volvió a poner el paño sobre su frente.
Y Rowan trató de descansar aunque realmente era difícil estar en ese duermevela en el que su subconsciente seguía gritándole que no se debía mover.
Raven no se movió de su lado en todo el día. Le dio de beber, le dio de comer, y se aseguró de que tomara la medicación. Lo vio dormir y lo vigiló como si su vida dependiera de ello. En el fondo, no sabía por qué lo hacía, tal vez porque algo en él le inspiraba confianza. O porque había una parte de ella que deseaba, sinceramente, que estuviera bien.
—Tenemos muchos enemigos —susurró para sí misma—. No podemos darnos el lujo de perder a los amigos.
Así que apenas se tomó quince minutos para sí misma y una de esas veces en que Rowan abrió los ojos, ya de noche, la vio bañada y cambiada… y muy acurrucada a su lado, sin importarle si alguien los veía o no.
Raven dormía con la cabeza apoyada sobre su hombro, y una de sus manos rozando el abdomen que horas antes había contado con la yema de los dedos.
—¡Maldición, la idea era bajarme la temperatura, no subírmela! —masculló entre dientes, pero por suerte ella estaba lo bastante cansada como para no sentir ni cuando él se levantaba de la cama y se asomaba a la puerta—. Llama al club, diles que no iré hoy.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: REY DE ESPADAS. La novia forzada