CAPÍTULO 16. El rey y el protector
Rowan estaba a punto de levantarse de la cama cuando escuchó los nudillos de Rick golpear suavemente la puerta, antes de entrar. Después de tantos años, sabía muy bien cuándo su toque era de advertencia y cuándo de urgencia.
—¿Qué pasa? —preguntó incorporándose y un segundo después Rick entraba y le echaba el seguro a la puerta.
—Señor Harrelson, la señorita Raven salió hace un minuto, con escolta, por supuesto —informó el mayordomo con tono precavido—. Iba saliendo hacia la sede de su empresa y creo que era algo muy urgente porque se veía… nerviosa.
Y solo eso bastó para que Rowan se levantara, con el ceño fruncido y los músculos tensos.
—¿Urgente? ¿A esta hora? —resopló, echando las sábanas hacia un lado. ¿Por qué ella no le había dicho nada?—. Tienes cinco minutos para averiguar qué está pasando.
Rick asintió y desapareció en el pasillo, mientras Rowan se dirigía al baño con una mezcla de ansiedad y determinación. Se duchó a toda velocidad, y cuando salió completamente vestido, Rick ya lo esperaba.
—¿Y bien?
—Al parecer, Tom Siegel la convocó por una supuesta emergencia, cancelación de contratos con una naviera, pero también convocó a toda la junta directiva —dijo Rick, cruzando los brazos con gesto de alarma—. La señorita Raven no es muy diestra en lo que se refiere a la dirección de su empresa, quizás Tom Siegel está tratando de atacarla de alguna manera… aunque no imagino cual.
Rowan maldijo en voz baja. Su mandíbula se endureció, y sus ojos se entrecerraron con expresión de sospecha.
—Consigue todos los informes actuales, los quiero en diez minutos. Y prepara los coches para salir.
—Seño Harrelson… me temo que las juntas de una empresa son privadas. Desde fuera no hay forma de ayudarla —le advirtió Rick, y Rowan lo miró como si esa fuera la peor excusa que había escuchado en su vida.
—Entonces lo haremos desde dentro —sentenció, mientras se dirigía a su armario. Sacó un traje oscuro, perfectamente planchado, y comenzó a vestirse con precisión militar—. Consigue los informes.
Y mientras Rick movía cuantos contactos tenía dentro y fuera de la empresa de Raven, Rowan marcaba el número que necesitaba.
—Alaric… soy yo. Necesito un favor, es algo fuera de los negocios del Club.
Del otro lado solo hubo una risa expectante.
“¿El Rey de Espadas amaneció vengativo?”
—Justamente. Necesito que hagas una compra —respondió Rowan, mientras anudaba su corbata—. Y tiene que estar hecha en veinte minutos.
Veinte minutos y diez sobraban, porque lo que Alaric Fenwick no consiguiera en tiempo récord, nadie más lo podría conseguir.
Y gracias a esa compra era que ahora estaba allí, cruzando las puertas de cristal de la sala de juntas mientras lo anunciaban como el accionista faltante de la mesa. Lo más gracioso era que si los demás no esperaban un nuevo miembro, la cara de Tom Siegel hacía evidente que jamás había anticipado la entrada de Rowan Harrelson.
Todas las cabezas se giraron hacia él y el murmullo general se congeló. En todos los rostros había una mezcla de sorpresa, inseguridad y expectativa.

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