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REY DE ESPADAS. La novia forzada romance Capítulo 27

CAPÍTULO 27. Decepción y desafío

Raven caminó alejándose del bullicio de la pista de baile, y la copa de champaña en su mano temblaba un poco con cada paso. La noche estaba fresca y la brisa le revolvía suavemente algunos mechones rebeldes del peinado perfecto que apenas lograba sostener el velo. Su vestido blanco parecía brillar bajo la luz tenue de las farolas del jardín, pero ella no podía disfrutar el momento.

La presión, la rabia y una punzada de decepción le apretaban el pecho, haciéndole difícil respirar con calma. Se detuvo junto a Jessica, que estaba recargada, despreocupada, contra una mesa adornada con flores, y se dejó caer en una silla a su lado acaparando la botella de champaña que estaba en la mesa.

—Al final, todos los malditos hombres son iguales —dijo con un suspiro pesado, y sus ojos brillaron con un toque de tristeza y amargura—. Si creía que un paralítico no tendría cómo engañarme… bueno… evidentemente me equivoqué.

Jessica levantó una ceja divertida, como si no pudiera creer esa afirmación.

—¿Estás hablando de tu esposo? —preguntó, sin ocultar la preocupación en su voz.

—¡Precisamente! —replicó Raven, amargada, apretando los labios para no derramar lágrimas que no sabía si quería soltar—. Al final, todos decepcionan. Son iguales de mentirosos los idiotas.

Jessica soltó una sonrisa condescendiente y le recordó, en un tono suave, casi como un bálsamo:

—Pero tú no estás enamorada de Rowan. Así que eso no es algo que debería afectarte tanto, ¿no? —la azuzó con una sonrisa cómplice.

Raven le lanzó una mirada intensa, como queriendo grabar esas palabras en algún rincón de su mente, buscando consuelo.

—Con amor o sin él —contestó, con la voz teñida de desafío—, es mi marido. Y como tal, debería respetarme lo suficiente para no dejar que otra mujer se le siente encima en nuestra bodas. No es cuestión de sentimientos, es cuestión de respeto. ¿O eso ya no existe?

Jessica arqueó una ceja, divertida y un poco incrédula, mientras miraba en dirección a Rowan y se daba cuenta de que en efecto tenía una mosca sobre él.

—Pues quítasela de encima, entonces —le dijo con tono burlón, intentando animarla.

Raven dio un trago largo a su copa de champaña y exhaló con frustración, sintiendo cómo el líquido burbujeante quemaba un poco su garganta, pero a la vez calmaba la rabia que le quemaba por dentro.

—No voy a jugar ese jueguito de la ex que reaparece —dijo, con una mezcla de enojo y cansancio—. Él tiene boca para gritar, para pedir ayuda, para decirle a Rick que la eche; pero no lo hace. No se la quita de encima porque no quiere. Punto.

El brillo en sus ojos se tornó desafiante, como si retara al mundo a discutirle eso. Así que jessica se limitó a levantar su copa, brindando con complicidad.

—Entonces, mejor vamos a beber, que tú estás en plan terca y me impresiona que el pobre hombre es quien saldrá perdiendo —propuso, sonriendo con la calidez de una verdadera amiga que no juzga, solo acompaña.

—No tienes ni idea de las razones por las que te dejé, Cecilia. Y sinceramente, tampoco creo que puedas aceptarlas. Pero la realidad es esta: yo no te amo. Eras mi amante, la que más duró, sí, pero solo eras mi amante. Lamento si te hiciste ilusiones más allá de mi cama.

Cecilia apretó los dientes y negó con rabia.

—¡Eso no es cierto!

—Pues me da igual lo que pienses, lo que quiero es que te bajes de una puñetera vez, porque ahora estoy casado, amo a mi esposa, y a quien sea que te invitó puedes decirle que traerte aquí no servirá de nada.

Cecilia se levantó despacio, con una sonrisa irónica que no alcanzaba a cubrir su decepción.

—Pues yo creo que sí servirá —le replicó mirando a un lado de reojo—. Porque tu esposa parece que ni siquiera quiere mirarte esta noche.

Rowan giró la cabeza hacia donde Raven estaba, apoyada contra la barra, con la copa vacía en una mano, y la otra temblorosa mientras se servía más champaña. Su expresión era una mezcla peligrosa de tristeza, enojo y resignación, como un alma al borde de romperse.

—Entonces parece que no hay necesidad de que me contenga —dijo Rowan, mirando a Cecilia con expresión helada—. Eres una puta que no conoce su lugar, y solo por la mala intención que acabas de demostrarme, me voy a encargar de que ese spa tan bonito que compraste el año pasado termine en la ruina que te mereces. Y en cuanto a mi esposa… —Hizo una pausa, mirando con una mezcla de ternura y determinación hacia donde Raven estaba, como si la simple visión de ella le diera fuerza para enfrentar cualquier batalla—. Puedes decirle a Ulises que esta noche me la voy a follar en todas las maldit@s posiciones del Kamasutra.

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