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REY DE ESPADAS. La novia forzada romance Capítulo 29

CAPÍTULO 29. Un hada borracha y un beso robado

Y la verdad era que si Raven decía que la fiesta se había acabado, entonces la fiesta se acababa y punto, así que Rowan, con su corbata ya floja y la chaqueta sobre el respaldo de su silla, se había quedado despidiendo a los últimos invitados con esa sonrisa amable que uno pone cuando solo quiere cerrar la puerta con llave y olvidarse del mundo.

—Gracias por venir… sí, sí, fue hermoso… buenas noches —repetía como un mantra mientras Alaric, Cedric y Tristan lo observaban desde el vestíbulo, con cara de "esto se va a poner feo".

Y cuando por fin el último embajador obstinado desapareció por el portón con los zapatos de su mujer en la mano, Rowan soltó un suspiro profundo y se giró hacia sus amigos.

—Al despacho. Ahora.

—¿Tienes algo fuerte ahí? ¿No se supone que no bebes? —lo azuzó Alaric.

—Viviendo en medio de este cubil de chacales, si no bebiera me volvería loco —bufó con fastidio.

El despacho era su refugio. Techos altos, paredes llenas de libros que nadie leía, sillones de cuero y pantallas donde podían verse todas las cámaras de seguridad de la casa. La boda había sido un evento privado, pero aún así, Cedric había insistido en tener vigilancia por todos lados.

“Nunca se sabe con Ulises rondando”, había pensado.

—Cecilia no apareció por arte de magia, ¿sabes? —dijo Cedric, en cuanto se sentaron, cerraron el despacho a cal y canto y Rowan pudo por fin levantarse de su silla—. Esto no fue casualidad. Alguien la mandó, y no fue para saludarte con afecto. Esa mujer vino a molestar a Raven. Y lo logró.

—Pues eso está más que claro desde el mismo segundo que entró por la puerta —aseguró Rowan—. Ulises dijo que ya no la quería, estoy seguro de que piensa juntar las dos herencias para después matarnos.

—¿Y por qué no has hecho nada hasta ahora? —lo regañó Cedric.

—Porque estaba ella de por medio, Raven —murmuró Rowan sirviéndose un trago—. Ulises la sacó de aquel accidente mientras me dejaba en el otro auto con la espalda destrozada.

—Si no hubieras metido tu coche en medio, Raven no se hubiera salvado —gruñó Tristan.

—Y si Cedric no hubiera casi arrancado la puerta de mi coche como si fuera Hulk, yo tampoco me habría salvado —suspiró Rowan.

—¡Ash! ¡Casi te haces matar por ella y la niña eligió a Ulises! —Cedric chasqueó la lengua con impotencia mientras recordaba que casi había dado a Rowan por muerto aquel día.

—No fue su culpa, Ulises se hizo pasar como su salvador y yo estuve seis meses sin salir de un hospital —suspiró Rowan—. Pero ahora todo es diferente.

—Lo que todavía no entiendo es por qué. ¿Por qué ella? ¿Por qué arriesgarlo todo por esa chica? ¿Qué tiene? ¿Qué embrujo te echó que te has pasado el último año y medio haciéndote pasar por un hombre tetrapléjico cuando es evidente que puedes caminar muy bien?

Y para estar más ebria que una cuba, era impresionante la puntería que tenía para encajar la llave y aflojar tuercas.

—Creo que planea que te desarmes en la rampa del avión —se rio Tristan sin poder evitarlo—. Es un hada, un peluchito, una cachorrita inocente. ¡Ja, ja, ja, ja…! ¡Un karma con ojos bonitos es lo que es!

—¡Oye, es mi esposa, no te pases! —rezongó Rowan.

—¡Claro, y por eso solo le miro los ojos, idiota! Pero no cambia que la cachorrita va a sacar los colmillos tarde o temprano.

Y en efecto, Raven terminó de girar una tuerca y se tambaleó al levantarse, claramente pasada de copas. Dio un paso hacia atrás y tropezó con el borde de la alfombra de pelo grueso frente a la chimenea. Y se hubiera ido de bruces al suelo, pero en el último segundo un brazo la sostuvo antes de que cayera.

Ella pestañeó y trató de zafarse, pero el hombre detrás de ella le dio la vuelta con un gesto brusco y la besó sin permiso.

¡Y Rowan palideció de rabia antes de siquiera procesarlo!

—¡Cedric! —gruñó.

Y en menos de un segundo Cedric salió disparado sin decir una palabra.

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