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REY DE ESPADAS. La novia forzada romance Capítulo 30

CAPÍTULO 30. Mariposas muertas y reinas destronadas

Raven estaba hasta el tope de champaña, pero ese era precisamente el problema con la champaña, que era tan ligera que invitaba a una confianza falsa ¡muy falsa! Así que después de un par de botellas Raven no tenía idea de que le iba a pegar de golpe y con mucha fuerza.

Sintió aquellos brazos a su alrededor, aquellos labios que de repente se encontraron con los suyos y se echó atrás con un gesto instintivo, frunciendo el ceño y haciendo una mueca de asco al darse cuenta de quién era.

—¡Agggh! ¿Qué quieres, Ulises? —preguntó Raven con la voz pastosa, pero no se movió de su sitio porque para eso ya se estaba moviendo el suelo.

—Te amo —le respondió Ulises, tirando de ella susurrándole cerca del oído—. Sabes que te amo, soporté que te casaras con mi tío, pero no puedo soportar que esta noche… que tu primera noche… sea con él. Tú solo puedes ser mía, Raven, ¡solo mía!

Ella no contestó, solo lo miró como si no entendiera una palabra… porque no las entendía, y porque aunque estaba borracha, tambaleante, aún había una chispa de lucidez en sus ojos, con todos los celos que eso incluía. Asó que cuando Ulises volvió a besarla con aquel ademán rápido, forzado, con más desesperación que pasión, Raven no se apartó.

Pero tampoco respondió al beso. Simplemente se quedó ahí, inmóvil, como si estuviera esperando a que el idiota se diera cuenta de que las únicas mariposas en su estómago eran las ganas de vomitar los aperitivos de la boda.

Pero entonces la puerta estalló en un golpe seco.

—¡Te dijo que te mantuvieras alejado de ella! —rugió Cedric, entrando como un toro a punto de embestir a un torero principiante.

Ulises apenas tuvo tiempo de girarse cuando el puño de Cedric se le estampó en la cara. El golpe resonó en la habitación como un disparo. Ulises cayó sobre la alfombra, pero intentó incorporarse.

—¡¿En qué puto idioma hay que hablarte?! —gritó Cedric, lanzándole otro golpe, esta vez al estómago—. ¡Trajiste a la zorra de Cecilia para arruinar la boda y ahora le faltas el respeto a la esposa de tu tío!

La pelea fue corta, porque a fin de cuentas Ulises no era rival para Cedric, que lo sujetó por la camisa y lo arrastró hasta el pasillo como quien saca la basura. Para ser honestos, no muchos eran rival para Cedric, así que Ulises ya iba escupiendo sangre y pataleando sin sentido cuando lo tiraron al medio del jardín sucio.

Raven, mientras tanto, se dejó caer en la butaca de la esquina, con las piernas cruzadas y otra copa en la mano. Se sirvió más champaña con una elegancia casi teatral, observando todo como si fuera una escena de teatro absurdo.

Rowan entró un minuto después, con la cara endurecida por la rabia y la impotencia, y detuvo su silla en la puerta.

—Nos vamos al avión —le dijo simplemente, mirándola con el corazón acelerado.

Raven levantó la vista, lo observó con cierta curiosidad, como si intentara recordar que estaba hablando con el hombre con quien se había casado.

Raven ni siquiera se molestó en quitarse el vestido de novia. Caminó arrastrando el tul como si no costara miles de dólares, enganchándolo en cada escalón del portal mientras mascullaba entre dientes con los tacones tambaleantes y los puñitos firmemente apretados a cada lado del cuerpo.

A Rowan no le dirigió ni media palabra. Subió al auto como una reina destronada, furiosa, despeinada, y peligrosamente borracha.

Los ayudantes intentaron recoger el vestido con torpeza para que no se arrastrara por el suelo, pero Raven los ignoró con un manotazo impaciente. Una vez dentro del auto, se dejó caer con teatralidad, cruzó las piernas como si no llevara kilos de encaje encima y se acomodó para beber con decisión, ¡otra vez!

El jet privado ya los esperaba, brillante bajo las luces de pista, con la puerta abierta y la alfombra extendida. En cuanto llegaron, el personal a bordo apenas tuvo tiempo de recibirlos antes de que ella se lanzara sobre uno de los asientos de cuero blanco como si fuera su trono, lista para el siguiente round.

Rowan subió detrás por una rampa especial, intercambiando un par de instrucciones con Cedric antes de que este cerrara la puerta del avión. Su expresión era dura, con las cejas fruncidas y el gesto contenido. Se notaba que estaba haciendo esfuerzos olímpicos para mantener la compostura.

Se acomodó frente a ella, sin hablar; pero cuando el piloto apareció por la puerta de la cabina, Rowan no dudó.

—No necesitamos asistencia para este vuelo. Que las azafatas se bajen y usted… haga el favor de cerrar la puerta de la cabina —ordenó mirando a Raven a los ojos—. No quiero interrupciones.

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