CAPÍTULO 39. Vodka y malas decisiones
Raven bajó descalza al bar de la villa. Estaba mojada de pies a cabeza después de saltar a la piscina, pero Rowan le había puesto cara de padre estricto y ella había optado por dejarlo tranquilo en su silla ese día.
Revolvió entre botellas hasta encontrar una de vodka, la miró como si estuviera decidiendo si era veneno o remedio, y luego la destapó con un “clic” seco y familiar, sirviendo dos vasos y preparando la botella en una cubitera.
Se sentó en una de las sillas de mimbre de la terraza, justo al lado de Rowan, con las piernas cruzadas y el ceño fruncido, como si intentara arrancarse los pensamientos de raíz. Chocó los dos brazos con un oportuno “Salud”, y se bebió uno antes de acercar el otro a los labios de Rowan.
Él hizo una mueca leve cuando vio el fondo de su propio vaso y luego respiró hondo.
—¿Vodka? —preguntó, alzando una ceja.
—No tenía ganas de vino —respondió Raven, con la voz un poco más ronca de lo habitual—. ¿Tú puedes beber algo fuerte o eso también está en la lista de prohibido?
Rowan giró su silla hacia ella despacio, como si la estudiara. La tarde se colaba por los ventanales de la villa, y las luces cálidas del interior hacían que el ambiente se sintiera más íntimo de lo que ambos pretendían.
—Puedo —dijo él con una sonrisa torcida—. Pero solo un trago, por precaución.
—¡Que sea solo uno entonces! El resto para mí —le sonrió la muchacha y acercó la botella antes de servirse y beber un sorbo con cuidado.
—¡Esto está fenomenal! ¡Voy a poner música! —exclamó ella apresurada y Rowan la miró con preocupación.
—Este… ¿Planeas vaciarla? —preguntó señalando a la botella con la mirada.
—Sí —respondió Raven sin rodeos, dándole otro trago—. Pero prometo mantenerme lejos de la piscina.
Rowan entrecerró los ojos, incómodo, porque a pesar de la música y la aparente alegría, cuando ella cerraba los ojos, no era eso lo que transmitía.
—Raven… ¿qué te pasa? —le preguntó con suavidad y ella lo miró durante unos segundos, como si evaluara si valía la pena decirlo en voz alta.
Y al final lo soltó sin necesidad de filtros.
—Siento que mi vida siempre ha sido manejada por otros. Por mis padres, por mi abuela, por… todos —murmuró bebiendo un trago demasiado largo para el gusto de Rowan—. Incluso ahora, sigo sintiéndome como una muñeca; como si no supiera mover las manos por mí misma; como si cada decisión que tomo no fuera realmente mía. Sé que es una locura, pero así me siento, como si no fuera dueña de mí misma. ¿Alguna vez has sentido eso? —lo increpó y Rowan bajó la mirada por un segundo con un gesto vidente.
—¡Cada día durante los últimos dos años! —respondió y Raven se cubrió la cara con las manos.
Dio otro trago. Y luego otro más largo, como si el líquido además de arderle en la garganta también pudiera entumecerle un poco el pecho, como si le diera permiso para bajar la guardia. Y eso, en ese momento, era justo lo que quería.
—No bebas tanto —le dijo Rowan, con tono más firme, pero ella se rio. Una risa corta y amarga.
—Yo te amo —susurró Rowan contra su cabello, con voz rota—. Te amo con todo lo que soy, cachorrita.
Ella lo miró con lágrimas en los ojos y una sonrisa que dolía hasta en el alma.
—Desearía que me abrazaras así en la vida real —dijo con un hilo de voz—. Cuando pueda recordarlo.
Rowan le acarició el rostro, con una ternura infinita. Le dolía verla así. Le dolía no poder decirle todo, pero también sabía que había una razón, y que el momento estaba cerca.
—Estoy tratando de protegerte, Raven —le dijo, con sinceridad total—. Siempre lo he hecho. Y muy pronto vas a entender por qué. Pero créeme cuando te digo que daría lo que fuera por ti. Volvería a quedarme paralítico diez veces más solo para salvarte de nuevo y…
Y no había más que decir, porque ella lo besó. No con suavidad, no con miedo. Lo besó con desesperación, con hambre, con una intensidad que lo sacudió por dentro. Y Rowan le respondió, porque no había otra opción, porque tenerla ahí, entre sus brazos, era todo lo que había querido desde el primer día.
—Te deseo —susurró ella contra sus labios mientras echaba todo lo de aquella mesa al suelo.
—Raven…
—¡Aquí mismo…! ¡Házmelo aquí…! Ahora…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: REY DE ESPADAS. La novia forzada