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REY DE ESPADAS. La novia forzada romance Capítulo 48

CAPÍTULO 48. Reputación y evidencias

Ulises la miró con los ojos desorbitados, como si acabara de ver un fantasma o escuchar una maldición milenaria. La seguridad que había intentado mantener hasta entonces se quebró en un segundo. Su rostro, normalmente arrogante y controlado, se volvió tenso, y sus labios se separaron apenas, en busca de una respuesta que no encontraba.

Raven, de pie frente a él, con el mentón en alto y la mirada de una reina furiosa, no retrocedió ni un centímetro. Su voz era helada, pero en sus ojos ardía una rabia que parecía haber estado incubándose durante semanas.

—Al parecer, de alguna manera tuviste acceso a mi caja fuerte —dijo, en un tono tranquilo pero venenoso—. Y te robaste no solo este collar… —alzando la mano, mostró la joya como si fuera una prueba irrefutable ante un jurado— sino otras ocho piezas, todas de muy alto valor. Ninguna baja del medio millón de dólares, y tal como están las cosas para ti y para tus padres… dudo muchísimo que en esta vida pudieras darte el lujo de pagar por eso tú solito.

Ulises apretó los dientes, tragó saliva y por un segundo pareció que iba a negar, pero Raven ya había avanzado al siguiente movimiento.

—Y como la suerte parece que últimamente se pone de mi lado, tu querida Rosela también fue tan imbécil que las estuvo presumiendo todas en sus redes sociales. —Sacó el teléfono del bolsillo de su chaqueta con un movimiento elegante, y tras unos toques rápidos en la pantalla, giró el aparato hacia él—. No te molestes en borrarlas. Ya descargué todas las fotos. Están muy bien guardadas… como evidencia.

La pantalla mostraba varias imágenes donde Rosela posaba frente al espejo, en cenas, en la piscina, siempre llevando alguna pieza brillante y fácilmente reconocible. Era casi como si estuviera armando el catálogo de su robo sin darse cuenta.

Ulises vaciló, pero al final pareció encontrar esa salida que tan desesperadamente necesitaba, en cualquier mentira que lo salvara de esa humillación pública.

—Tú… ¡tú se las prestaste! —Su tono fue débil al principio, y luego intentó llenarse de fuerza—. ¡Se las prestaste voluntariamente! Pero no lo recuerdas… porque, bueno, ¡no recuerdas nada por el accidente!

Raven lo miró en silencio por un segundo. Luego entrecerró los ojos y soltó una risita que no auguraba nada bueno.

—¿No acabas de decir que le mandaste a hacer una réplica? —le dijo, contando con los dedos—. Y ahora me dices que se las presté, ¿pero no me acuerdo? Tienes que decidirte, Ulises. Para mentir hacen falta tres cosas: coherencia, inteligencia y buena memoria. Y tú no tienes ninguna de las tres.

La tensión en la sala era como un manojo de fuegos artificiales a punto de estallar. Lo mismo Ottavio que Aurora estaban estupefactos, pero ninguno se atrevía a intervenir. Cedric, Alaric y Tristan observaban desde su posición de “guardaespaldas” junto a Cedric y Rowan contenía la respiración tratando de verse serio. Incluso Rosela, que normalmente se defendía con uñas y dientes, parecía haber perdido toda su voz.

—Solo eres una mujer mezquina… —escupió Ulises.

—Y tú solo eres un oportunista y un ladrón —replicó Raven, esta vez con la voz cargada de decepción—. Te aprovechaste de mi accidente, de que no recordaba nada, para robarme como un vulgar saqueador.

Ulises la miró con una mezcla de impotencia y rabia. Sus puños se cerraron a los costados, como si luchara por contenerse.

—¡Tú me diste esas joyas voluntariamente! —soltó, esta vez en tono más firme, con una última esperanza de imponer su versión—. Nadie te obligó.

—¡Perfecto! —exclamó Raven con sarcasmo, cruzándose de brazos—. Pues ahora voluntariamente las quiero de vuelta. ¡Todas! ¡Ahora mismo! —Hizo una pausa, y cuando volvió a hablar, sus palabras cayeron como cuchillas—. Tienes cinco minutos para devolver cada una de esas piezas… o entrego este expediente a la policía, y los denunciaré a ti y a tu novia por robo.

CAPÍTULO 48. Reputación y evidencias 1

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