CAPÍTULO 57. Eufemismos y respuestas
El frío con que dijo eso fue peor que cualquier grito; y todos lo sintieron. Hasta Raven se estremeció, porque sabía que no era una amenaza vacía. Él no hablaba por impulso, hablaba con planes en la cabeza y cuchillas bajo la lengua.
Rowan le dio la vuelta a su silla y salió sin decir una palabra más, mientras en la sala de juntos los accionistas se quedaban gritándose entre ellos. Raven fue detrás de él, con pasos firmes, mientras Ottavio discutía acaloradamente con los abogados, y Ulises parecía descubrir por primera vez que el poder no era solo un título.
En el pasillo, a medio camino hacia su oficina, Rowan se detuvo al ver a los dos únicos accionistas que habían votado por él. Ambos se le acercaron con dignidad, sin orgullo, solo con una serena lealtad.
—Gracias —les dijo Rowan, con un leve gesto de cabeza.
—Nada que agradecer, muchacho, así hacen las cosas los hombres. Yo también preferiría ver mi empresa en cenizas antes de entregársela a alguien que no la respeta —respondió el señor Wilkins.
—Pues a mí algo me dice que ese fuego será de los ronovadores —apuntó Goodman palmeando su hombro.
Se marcharon después de una corta despedida y Raven juraba que cuando aquella tormenta pasara encontraría la forma de compernsarlos por esa lealtad. Sin embargo de momento solo había timepo para atender lo urgente, y apenas Rowan y Raven llegaron a la oficina, ella echó el seguro a la puerta y le tomó la mano, apretándola con un gesto preocupado.
—¿Qué vamos a hacer? —le preguntó en voz baja pero decidida, y con eso bastaba para que él supiera que ella se había tomado en serio eso de “en las buenas y en las malas”.
Rowan ladeó la cabeza, mientras una sonrisa un poquito siniestra comenzaba a formarse en sus labios.
—Ahora vamos a celebrar.
¡Perdón ¿Qué?!
—¿Cómo que vamos a celebrar? —preguntó Raven, mirándolo como si acabara de anunciar que quería irse de mochilero al Himalaya.
Rowan respiró profundo, aunque para ser honesto apenas cabía dentro de sí mismo de la rabia que llevaba, pero hizo gala una tranquilidad tan provocadora que a cualquiera le habrían dado ganas de sacudirlo.
—Pues eso, celebrar. Vamos a organizar una fiesta —respondió con total naturalidad—. Una de despedida. Quiero decir adiós como se debe. ¡A lo grande! Con vino caro, comida exquisita y gente que en realidad detesto, todos fingiendo que me van a extrañar. Los informes dicen que estoy muriendo, así que vamos a rentar el salón más exclusivo de la ciudad y vamos a dar un “funeral” anticipado, para que todos los putos hipócritas que están esperando a que me muera puedan ir a despdirse.
Raven lo miró por unos segundos sin saber si reír o preocuparse más.
—¿Y no crees que eso… no sé… pueda dañar un poquito más tu empresa? -lo increpó.
—Claro que sí —dijo él, sonriendo más—. Le va a hacer muchísimo daño. Eso es lo que estamos buscando.



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