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REY DE ESPADAS. La novia forzada romance Capítulo 6

CAPÍTULO 6. La bestia y la zorra

Raven despertó con la cabeza revuelta y el cuerpo aún algo adolorido. Por un instante se quedó tendida, mirando el techo desconocido de la lujosa habitación que ahora debía considerar suya. La alfombra gruesa y la suave luz matinal que se colaba entre las cortinas le daban una falsa sensación de tranquilidad, Pero apenas giró la cabeza hacia el tocador, el recuerdo de todo volvió de golpe.

Se obligó a levantarse, Caminó al baño privado, se despojó de la ropa con movimientos lentos y se metió bajo la ducha caliente. El agua le corrió por el cuello y la espalda, y por primera vez en días pudo respirar sin que se le oprimiera el pecho.

Se quedó un buen rato bajo el chorro, como si el agua pudiera borrarle la traición, pero eso era imposible, porque lo peor de todo era que Ulises se había encargado de envolverla hasta quitarle todo rastro de poder incluso en su propia empresa.

En el último año, todo en su vida había girado alrededor de Ulises. Le había confiado decisiones importantes, incluso había delegado la administración de su empresa sin pensarlo dos veces, porque él quería tenerla en casa solo para él y sus futuros hijos.

—¡Toda una puta mentira! —siseó para sí misma. El CEO actual era uno de los mejores amigos de Ulises y sacarlo del puesto no iba a ser tan fácil porque ya se había ganado la confianza de la junta directiva.

Raven sabía que debía estar en complot con él. Chasqueó la lengua, incrédula. ¿Cómo había sido tan estúpida?

—Estaba ciega —murmuró, apretando el cepillo con que se peinaba el largo cabello oscuro.

Pero eso se había terminado. Ya no volvería a ser esa mujer. Ulises creía que la tenía bajo control, pero estaba equivocado. Iba a recuperar su vida, sus empresas y su dignidad. Y si para eso tenía que usar a otros, entonces que así fuera.

—Después de todo, mi nuevo prometido es Rowan Harrelson ¿no? Y parece que de idiota no tiene nada.

Solo tenía que convencerlo, así que eligió un conjunto sencillo pero elegante, se maquilló con cuidado, y cuando terminó, su reflejo era el de una chica dulce lista para ser protegida.

Salió de la habitación decidida a hablar con Rowan, pero apenas dio un paso en el salón de la suite, pegó un grito involuntario.

—¡¿Pero qué demonios…?! —gritó abriendo mucho los ojos y cubriéndose la boca con un gesto involuntario.

Rowan estaba acostado, prácticamente desnudo, sobre una camilla de masajes. Llevaba solo una toalla minúscula en la cintura y su espalda musculosa brillaba con aceites. Una mujer de cabello rizado y bata blanca le aplicaba presión en los hombros con destreza profesional.

Rowan, al oírla, soltó una carcajada.

—Tampoco espanto tanto, ¿no?

La mujer levantó la vista, aún sonriendo, y saludó con un movimiento de cabeza.

—Buenos días, señorita Raven. Yo soy Zulma —la saludó—. No hay que asustarse, el señor Harrelson necesita empezar así el día para evitar problemas de circulación.

Raven parpadeó varias veces. Miró de nuevo a Rowan, a sus hombros marcados, los brazos que no parecían nada débiles. El ancho que iba estrechándose en las caderas… los muslos marcados… ¿No se suponía que los inválidos perdían masa muscular? ¿Qué diablos con aquel hombre?

—Ah… claro… —balbuceó, completamente nerviosa, poniéndose colorada, pero aun así incapaz de apartar la vista. ¡Total y él no veía lo que ella hacía!—. Lo… lo entiendo.

La masajista se acercó y le tendió chocó el hombro con simpatía. Se notaba que era un rayito de sol.

—Yo soy su fisioterapeuta y el señor Harrelson ya me habló de ti. Eres su prometida. ¡Mis condolencias porque es un terco imposible!

—No me vendas tan bien, Zulma —se burló Rowan y Raven parpadeó sorprendida.

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CAPÍTULO 6. La bestia y la zorra 2

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