CAPÍTULO 7. Reclamos y lecciones
Los ojos de Ulises la escaneaban como si estuviera buscando una excusa para explotarle encima.
—¿Cómo te atreves a hablar así? —escupió con la voz cargada de veneno—. ¿"Una bestia"? ¡¿Desde cuándo hablas como si fueras una puta?!
Raven sintió un vuelco incómodo en el estómago, no por la palabra en sí, sino por la intensidad de la frustración que vio en su rostro. ¿Cómo era posible que alguna vez hubiese estado enamorada de él? Pero no podía permitirse caer en provocaciones que pudieran delatarla.
Frunció ligeramente el ceño, como si no entendiera del todo, y se cruzó de brazos con fingida inocencia.
—¿Y eso qué tiene de malo? —preguntó encogiéndose de hombros—. ¿No soy su prometida? Si voy a casarme con Rowan, ¿qué tiene de raro que lo desee? ¿No estoy enamorada de él? Que yo no me acuerde de nada no significa que no me haya acostado con él antes ¿verdad? —Y miró a Zulma con un gesto sugerente—. Supongo que ahora tendré el placer doble de… redescubrirlo.
La aclaración fue como una bofetada sutil. Ulises abrió la boca, pero no le salió ninguna palabra. Dio un paso atrás, tragó saliva y la miró como si quisiera estrangularla con sus propias manos. Sin decir nada más, se giró sobre sus talones y salió de la mansión dando portazos. Rosela, que parecía también completamente aturdida, corrió tras él.
—¿¡Ulises!? —le gritó—. ¡Espera! —Pero él ni se giró.
Rosela la fulminó con la mirada, pero su rabia no parecía dirigida del todo a Raven… más bien era frustración porque el hombre que tanto había peleado por conseguir, de repente estaba furioso solo por algunas palabritas de la mujer a la que no quería.
Aurora carraspeó incómoda y dijo algo sobre el almuerzo antes de marcharse.
Y Zulma, que había visto toda la escena con ojos escépticos, se acercó a Raven con curiosidad mal disimulada.
—Oye… ¿qué pasa con ese tipo? ¿Tuviste algo con él y no te supera?
Raven se encogió de hombros, con una sonrisa falsa y resignada.
—No tengo ni idea. Literalmente perdí la memoria ¿recuerdas?
Por dentro, sin embargo, la verdad se le mostraba como un rayito de sol en la nieve: Ulises estaba furioso porque nunca había cedido en el plano sexual. “Hasta el matrimonio” había sido su lema, así que escucharla hablar con descaro del miembro de otro hombre parecía haberlo… molestado.
—Ese spa cada vez hace más falta —le hizo un puchero a Zulma y ella chasqueó los dedos.
—¡Váááááámonooooos!
Así que ellas salieron con su escolta más que preparada; y mientras tanto, Rowan terminaba de alistarse para su día, y después de asegurarse de que Raven estaba más que protegida, se había dirigido a su despacho. Rick estaba a su lado como una sombra atenta, en todos los sentidos parecía que iba a ser un día tranquilo… hasta que la puerta se abrió de golpe.
Ulises entró frenético, con el rostro descompuesto y la respiración agitada. Cerró la puerta de un portazo y avanzó hasta quedar frente a su tío.
—¡Ni se te ocurra tocarla! —soltó, sin introducciones.
Y Rowan sonrió con un gesto casi paternal, como si acabara de oír una tontería dicha por un niño malcriado.
—Aun así, este inválido tiene una extensión de su alma que podría darte una lección —dijo con calma—. ¡Rick!
Rowan ni tuvo que dar una orden. Aquella sombra protectora avanzó sin vacilar y, antes de que Ulises pudiera reaccionar, le dio dos puñetazos feroces: el primero en el estómago, que lo hizo doblarse sobre sí mismo; y el segundo en la mandíbula, que lo mandó directo al suelo.
Y no había berrinche que pudiera hacer ni nadie a quien gritarle “Despedido”, porque su tío confiaba en Rick más que en nadie en el mundo, e incluso desde esa silla tenía todo el maldito poder de decisión sobre la casa y la fortuna familiar.
Ulises se quedó ahí, jadeando, aturdido; y Rowan lo miró sin una pizca de compasión.
—Gracias por mi nueva esposa —dijo, con un tono casi amable—. Pero es un poco tarde para arrepentirte de lo que hiciste. Ahora lárgate de mi oficina, y si molestas a Raven aunque sea con una palabra, puedes ir buscando un nuevo lugar donde vivir. ¿Te quedó claro?
Lo vio salir maldiciendo en voz baja, limpiándose con una manga temblorosa la sangre que Rick le había sacado de la boca.
—Parece que su sobrino creyó que su matrimonio incluía no ponerle las manos encima a la señorita Raven —murmuró Rick como si hablara consigo mismo.
—¿Las manos? —murmuró Rowan con una sonrisa sarcástica. “Ese idiota no tiene idea de todo lo que le voy a poner encima”.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: REY DE ESPADAS. La novia forzada