Entrar Via

REY DE ESPADAS. La novia forzada romance Capítulo 8

CAPÍTULO 8. Vínculos y recuerdos.

Raven volvió a la mansión con el corazón latiéndole con fuerza. Desde la escena de la mañana con Ulises y su maldit@ furia, todo le parecía más turbio de lo que ya era. ¿No que ella era sosa, mojigata y lo aburría? ¿No había sido su idea entregársela a su tío? ¿Entonces a qué venía aquel supuesto ataque de celos?

Sin embargo tenía que empezar a solucionar sus problemas, porque si seguía esperando de alguna forma perdería su empresa y toda aquella mentira no serviría de nada.

La mansión se alzó ante ella como un castillo gótico: elegante, frío, y plagado de secretos. Dejó sus bolsas de compras en la habitación y se dirigió al despacho de Rowan con pasos silenciosos pero decididos. No estaba segura de lo que haría, pero sabía que tenía que empezar a jugar el juego a su manera.

—¿Rowan? —preguntó, golpeando suavemente la puerta entreabierta, y asomando la cabeza.

Él estaba frente a la ventana, con la luz del sol perfilando su silueta inmóvil. El despacho olía a cuero viejo, whisky caro y a las flores frescas que el personal colocaba todos los días. Se giró lentamente con un leve movimiento del cuello y los ojos se le iluminaron al verla.

—Adelante, Raven. ¿Cómo estuvo tu día?

Ella entró y no cerró la puerta, porque tenía la sensación de que aquel hombre, por más que no pudiera moverse, sí era capaz de tener el control de todo.

—Estuvo muy bien pero… bueno quisiera… quisiera conversar contigo un momento —dijo, y se sentó frente a él, apretando las manos sobre sus rodillas.

Había algo en la manera en que Rowan la miraba que la desnudaba por dentro. Sus ojos claros, profundos, no eran los de un inválido resignado. No, ese hombre pensaba y observaba cada detalle.

—Claro. ¿Sobre qué?

Raven fingió vacilar. Necesitaba mantener su mentira de la pérdida de la memoria, pero a la vez necesitaba entender en qué estaba metida y cuál era el papel de Rowan Harrelson en todo aquello.

—Estuve pensando que tal vez debería ir a mi casa —murmuró—. Quizá si veo mis cosas, toco mis recuerdos, algo regrese. ¿No crees?

Rowan la observó fijamente, con ese tipo de mirada que parecía ver más de lo que uno quería mostrar.

—¿Por qué estás tan ansiosa por recordar? —preguntó, sin rodeos; pero ella le sostuvo la mirada y alzó una ceja.

—¿Por qué no lo estaría? No recuerdo quién soy. No sé nada de mi vida, de mi familia... ni siquiera sé qué tipo de persona fui.

Él asintió lentamente, con un gesto comprensivo.

—Está bien... —murmuró, y luego sonrió apenas—. Si es lo que quieres…

—O quizás tú puedas decirme algunas cosas sobre mí —murmuró, mirándolo con curiosidad.

Siendo honesta, estaba deseando saber hasta dónde se atrevía a inventar; pero Rowan solo suspiró ligeramente y la miró a los ojos.

—Te encantan las noches de tormenta —comenzó, con esa voz ronca que podía estremecer una montaña—. No porque te gusten los truenos, sino porque te hacen sentir acompañada. Estudiaste Literatura porque pensaste que sería una forma de vivir muchas vidas sin tener que salir de casa, pero terminaste especializándote en Finanzas porque alguien tenía que encargarse de la empresa familiar. Aun así no lo hiciste tú. —Raven pasó saliva con lentitud—. Tus padres murieron en un accidente cuando tenías diecisiete años, y desde entonces tienes muy controlado a quién le das tu afecto… pero la excepción son tus gatos; has tenido tres, el último se llamaba Byron, como el poeta. Odias la música clásica pero amas las bandas sonoras. Y cuando mientes, tocas con el pulgar las puntas de tus dedos, una por una.

CAPÍTULO 8. Vínculos y recuerdos. 1

CAPÍTULO 8. Vínculos y recuerdos. 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: REY DE ESPADAS. La novia forzada