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REY DE ESPADAS. La novia forzada romance Capítulo 9

CAPÍTULO 9. Enemigos y sorpresas

Raven se quedó inmóvil, con los labios a menos de dos milímetros de los de Rowan; y la puerta del despacho se cerró de golpe detrás de Aurora, cuya silueta recortada contra la luz del pasillo tenía el dramatismo de una actriz de tragedia griega. La mujer clavó los ojos en ella como si acabara de verla sacar un cuchillo y se adelantó en el despacho.

—¿Se puede saber qué estás haciendo? —soltó medio indignada y medio nerviosa.

Raven, que aún tenía el corazón a mil, giró hacia ella con la mayor expresión de desconcierto que pudo reunir.

—¿Cómo que qué estoy haciendo? Estaba besando a mi prometido —murmuró—. Aunque por tu cara parece como si me hubieras encontrado robándole a un anciano.

—¡Oye! —Se quejó Rowan y ella se mordió el labio inferior, pero la verdad era que estaba más exasperado que divertido porque alguien le había arruinado el puto momento.

—Bueno, es que… es un poco inapropiado… —comenzó a decir Aurora inquieta, rascándose un brazo como si eso pudiera distraer la atención.

—¿Inapropiado? —continuó Raven, aún con tono de inocencia—. ¿No se supone que estamos comprometidos? ¿Por qué todo el mundo en esta casa se escandaliza cuando me acerco a él?

Aurora apretó los labios, visiblemente incómoda. Estaba claro que no esperaba una respuesta tan directa. Raven siempre había sido modosita, sumisa, fácil de manejar, ¿y ahora resultaba que sin memoria era capaz de besuquearse con Rowan en menos de veinticuatro horas?

—No entiendo lo que pasa —murmuró Raven mirando alternativamente a ambos hermanos—. ¿Tú no apruebas mi relación con Rowan? —preguntó y por supuesto que era un arma de doble filo.

—¡No se trata de eso! —dijo Aurora, cruzándose de brazos para disimular su molestia—. Solo me preocupa que estés confundida.

—¿Confundida por qué? —replicó Raven con una sonrisa inocente, aunque en su interior sentía que acababa de lanzar una flecha certera. Porque si algo estaba quedando claro era que sí les molestaba.

Lo mismo a Aurora que a Ulises les molestaba muchísimo que ella se acercara a Rowan en plan físico. ¿Quizás esperaban manipularla en algo de esa manera?

—¡Bueno, es que acabas de perder la memoria! ¡No conoces a Rowan…! —intentó explicarse Aurora.

—Pero por eso estoy aquí ¿no? —Raven giró hacia Rowan juntando las cejas—. ¿No se supone que estamos comprometidos? ¿No deberíamos tener algo de intimidad? ¿Conocernos?

—Oye, a mí no me mires, yo me dejo toquetear hasta el alma. El problema parece que lo tiene ella —advirtió Rowan mirando a su hermana, y el silencio que siguió fue espeso, denso como el vapor de una ducha caliente.

Aurora resopló y alzó la barbilla con dignidad.

—Haz lo que quieras —dijo, antes de girarse y salir del despacho con pasos firmes.

La puerta volvió a cerrarse y cuando Raven se volvió a mirarlo, él pudo ver la duda en sus ojos.

—¿Hay algo que no me están diciendo? —lo increpó—. No entiendo por qué les molesta tanto que me acerque a ti. Es raro, ¿no crees?

Rowan la miró como quien analiza un diamante bajo la lupa.

—Muy raro —susurró, pero quedarse mirándose fijamente no iba a darle respuestas a ninguno de los dos, y era obvio que cada uno allí tenía su objetivo.

—Quiero ir a mi casa —dijo ella de pronto—. Tal vez si voy, empiecen a regresar algunos recuerdos.

Rowan asintió despacio.

—Entonces vamos —dijo con seguridad—. Te llevaré yo mismo.

Bastó con que llamara a Rick y en menos de dos minutos las camionetas estuvieron listas en la puerta. Raven jamás había imaginado el julo que podían tener por dentro, pero la de Rowan definitivamente parecía una nave espacial cinco estrellas.

El camino fue silencioso, pero nada comparad con el silencio de aquella casa vacía.

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