La rubia ensancha la mirada ante sus palabras de amenazas… luego siente como la polla de Giovanni presiona su coño con tanto ímpetu que la hizo estremecerse.
Con la mano la libre, el castaño comenzó aflojar la parte de debajo de su pantalón al mismo tiempo que ejercía fuerza contra sus muñecas. En lo que se siente libre de su ropa sus piernas comienzan a temblar.
—¡Detente! No podemos hacerlo aquí…
Y es cuando ella escucha la cremallera del pantalón de Giovanni, él no le quitaba los ojos de encima; todo aquello lo estaba haciendo muy rápido. En segundos la rubia siente la piel desnuda de las piernas de Giovanni seguidamente de la carne de su polla presionando su coño.
Automáticamente muerde sus labios al sentir como el pene de Giovanni invade el interior de su coño; sin que pudiera evitarlo Liana suelta un suspiro ronco provenir desde el fondo de su garganta.
Giovanni entierra su pene con fuerza dentro de la vagina de Liana y sacude la mesa cuando empieza a penetrarla. Movía sus caderas tan rápido contra la pelvis de ella, la rubia se aferraba a sus brazos envolviendo sus piernas alrededor de su cuerpo; la joven jadeaba con fuerza.
—Giovanniiiii…—grita arqueando su cuerpo.
El CEO seguía penetrando su cuerpo mientras admiraba su rostro ponerse colorado, luego baja la vista y ve como su polla entra y sale del coño de ella. Ya estaba salpicado de los fluidos de la rubia lo cual lo excita más.
Humedece su dedo pulgar con saliva y lo lleva hasta la protuberancia rosada de Liana, la frota mientras sigue penetrándola muy duro.
—¡Ahhhhhh! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! —ella no contenía los gemidos, salían de su garganta de manera tan natural que encendía la sangre de Giovanni.
El castaño se aferró a su cintura apretándola con bastante fuerza justo cuando empezó a eyacular dentro de ella.
—¡AAAAAHHHH! —Gime con fuerza al liberarse por completo.
Liana también lo sigue dejándose llevar por el momento, al final suelta su cuerpo y termina por desplomarse sobre la mesa con las piernas temblorosas. Su respiración era rápida y agotada, luego siente la frente de Giovanni posarse sobre su estómago.
La rubia baja la vista y lo ve sujetarla de la cintura mientras que su frente reposa pobre su cuerpo.
—Liana, no quiero que te veas a solas con ese chico —ella ensancha la mirada al escucharlo hablar.
No se lo decía de manera arrogante, su voz sonaba algo más pasiva. Sin embargo, ella no podía permitir que él la manipulara a su antojo. Si le permitía eso desde ahora en lo que restaba de semanas, Giovanni se iba a poner peor.
Tenía que entender que no todo el mundo iba a hacer lo que él quisiera.
—Entiende que yo puedo tener todos los amigos que quiera, que solo son amigos —Giovanni traga saliva al escucharla.
—Bien —dice incorporándose.
Liana se baja de la mesa y empieza a vestirse al igual que él. Lo mira de reojo notando su expresión seria, estaba cabreado.
—Giovanni…
—Debo volver a la oficina —la interrumpe ajustando sus traje, se aproxima a ella y planta un beso en sus labios de manera posesiva.
Luego se da la vuelta para encaminarse hasta la salida. Ella lo ve marcharse y no tiene el valor de decirle nada. En lo que cierra la puerta, Liana suelta el aliento.
Giovanni se queda un momento en la entrada de la casa mirando fijamente su coche, su mandíbula estaba muy tensa y su cerebro no paraba de pensar en las palabras de Liana.
[…]
Al día siguiente, Liana llevo sus papeles a la universidad y en seguida podía comenzar. Apresurarían su ingreso para que no perdiera tantas clases, y eso fue un alivio para ella.
Su padre estaba muy contento de que consiguiera plaza, y ella también lo estaba… al salir de la primera clase del día, Liana se topa con su vecino. Justamente pasaba por el mismo corredor donde ella estaba.
No podía evitarlo, y menos cuando él la había pillado a lo lejos. Y no más al verla, sale corriendo a su encuentro.
—¡Liana! ¿Qué ha pasado ayer? ¿Estás bien? Ese tipo te ha llevado a rastras.
—Estoy bien, no te preocupes.
—¿Pero quién es? ¿No es el sujeto del banco? —Liana se tensa.
—Es el jefe de mi papá, le ha pedido que me recogiera en la universidad porque él no podía venir por mí. Y ya sabes como es mi papa de sobreprotector, supongo que su jefe no tomó a bien verme contigo. Quizás mi padre le dijo algo.
Su vecino la mira extrañado, y ella rogaba porque él se creyera el cuento.
—Entiendo, pero se comportó muy raro contigo.
—Sí, supongo. Pero por favor no le comentes nada de esto a mi padre, su jefe me ha prometido no decirle nada.
—De acuerdo, no hay problema.
Liana se siente un poco más aliviada al saber que su vecino guarda silencio. Si se iba de boca con su padre se metería en muchos problemas.
—¿Quieres ir a la cafetería conmigo? —en eso ella recuerda a Giovanni y su petición.
—Tengo una clase en media hora.
—Tienes tiempo para tomar algo conmigo, vamos…
El joven la sujeta de la mano y se la lleva por el corredor. Liana ve la unión de sus manos y siente como si estuviera traicionando a Giovanni. Ese sentimiento de culpa la estaba comiendo por dentro.
Y no debería de sentirse de esa manera, puesto que ella y Giovanni no mantenían ningún tipo de relación seria.
Se dice, pero pensar en eso la hacía sentir peor de lo que ya estaba. Es que la mirada azulada de ese hombre la tenía metida entre ceja y ceja, y era como si él estuviera allí viéndola. Así que termina por soltarse de la mano de su vecino con la excusa de sujetar su mochila.
[…]
Al terminar todas sus clases, Liana abandona la universidad satisfecha de que no estaba tan perdida.
—¡Liana! —escucha su nombre en un grito llevándola a girar el cuerpo —. Espera, yo también he terminado hoy, podemos regresar juntos a casa.
—Yo tengo una moto, puedo llevarte las veces que salgamos a la misma hora.
—¡Oh, no!, de verdad es que no es necesario que tomes tantas molestias.
—Vivimos en la misma calle, no es molestia. Además no tengo nada más que hacer, vamos…

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