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Secreto indecente romance Capítulo 7

La revolución que sentía en su coño era inexplicable, era como si estuviera a punto de explotar en miles de jodidos pedazos. Liana arquea su cuerpo al sentir la fuerte penetración de la lengua de Giovanni.

¿Cómo lograba meterle tanto la lengua en su coño? La joven abre los ojos de par en par y es cuando suelta un ronco grito ahogado saliendo directo de sus entrañas. La rubia abre más las piernas tensándolas al mismo tiempo al sentir que su cuerpo como que se libera de algo.

Unos segundos después empieza a temblar mientras que Giovanni seguía metido en su coño chupando con fuerza su vagina, más bien se la estaba succionando y ella solo podía soportar esa tortura.

Giovanni lamió hasta la última gota de los fluidos de Liana y se podría decir que se había vuelto adicto a su esencia. Era tan dulce, ni una pizca amarga logro sentir, toda ella era dulce y tan virginal.

Seguía chupándole los labios vaginales hasta dejarlos limpios, estaban tan hinchados y rojos que solo le provoco meterle su polla hasta lo más profundo, pero dado que ella era virgen necesitaba un poco más de tiempo.

Ademas, el previo juego era más divertido que irse al grano con ella. A fin de cuenta tenía un mes entero para gozar de ese coño como le plazca.

El CEO se separa de la vagina de Liana y levanta la mirada para verla, sus mejillas estaban muy coloradas y su todo su rostro lleno de sudor. En eso, la rubia bajo la mirada y sus ojos conectan con lo de él.

La ve pestañear varias veces dándose cuenta que estaba apenada. Muerde sus labios y lleva la mirada hacia otro lado, esa expresión lo encendió, tanta ingenuidad lo calentaba al extremo.

—Ya vez que no es tan malo como pensabas, ¿o sí? —pero Liana no le responde —. Vamos, no seas tímida —le dice metiéndose entre sus muslos para quedar sobre ella —. Debes dejar la timidez conmigo, y menos después de lo que pienso hacerle a este cuerpo.

—Debe tomar en cuenta de que yo no sé nada de esto.

—Pero aprenderás, yo te enseñare Liana —toma su mentón y la hace verlo a la cara —. Esto solo fue un abrebocas, lo que viene será mucho mejor que esto.

Giovanni observa los labios de Liana y eso lo llevo a besarla metiéndole la lengua sin piedad. El CEO empezó a frotar su polla contra el coño de ella sabiendo que no llevaba bragas puestas llevándolo a la locura.

Su estado de calentura no tenía fin y al parecer no conseguía controlarse con esa mujer, y eso sí que le parecía muy extraño. Se estaba comportando como un maldito adolescente, necesitaba detenerse.

—No, espere… —pero fue ella quien lo detuvo —. No podemos seguir, yo debo irme y usted tampoco ha cumplido su parte, creo que ya ha probado suficiente de mí.

—Eres una chica astuta, me agrada eso en una mujer.

El CEO planta un beso en sus labios para luego ponerse en pie, le tiende la mano y la ayuda a levantarse del sofá.

—No pretendía quitarte la virginidad en ese sofá, pero al menos si darte una probadita de lo que pasara más adelante —dice ajustando su saco —. Ya hemos quedado que cuando yo te llame tienes que venir a jugar conmigo —añade tendiéndole su pantaletas.

Ella ve su prenda y siente vergüenza, la toma rápidamente y se la pone con algo de torpeza bajo la atenta mirada de ese hombre.

—No puede marcar directamente a mi casa, mi papá no puede saber nada de esto.

—¡Ya veo! supongo que…

Se da la vuelta abre una gaveta de su escritorio y saca un móvil para entregárselo a ella.

—Te llamare allí, y mandare por ti. No le des ese número a nadie Liana, ¿entiendes?

—Se lo devolveré cuando todo esto haya terminado.

—El teléfono no me importa —le responde con una sonrisa maliciosa.

—Debo irme —le dice guardando el móvil —. Mi padre cree que estoy trabajando.

Así que era buena escabulléndose, eso era un punto bueno a su favor, la podría ver a cualquier hora. Quizás aquella aventura sexual con Liana no sería tan mala.

—Le diré a mi chófer que te lleve a donde quieras.

—No es necesario, puedo tomar el bus.

Era un poco obstinada…

Se quedan mirando un momento y luego ella rompe con el contacto, se encamina hasta la puerta en silencio mientras que Giovanni la observa.

En cuanto salió de su oficina el CEO intenta componerse ante lo que había pasado, esa experiencia sí que fue muy deliciosa. Sonríe aun saboreando los fluidos de ella en su lengua, ansiaba por probar más de ella.

[…]

Sus piernas parecían de gelatina, la experiencia vivida hace un rato la había dejado fuera de sí. No conseguía explicar lo que sintió, pero asumió que lo que experimento era un orgasmo. Era increíble lo que una mujer podía llegar a sentir cuando alcanza esa sensación.

Luego roza sus labios con la yema de los dedos seguidamente juega con su lengua, tenía un sabor extraño en la lengua, luego de que el señor Carter la besara le trasmitió un sabor diferente al de antes.

En eso, la rubia siente nuevamente ese extraño hormigueo en su coño, ella lleva una mano hasta su vientre y se detiene.

< ¿Pero que es todo esto?>

Se pregunta sin poder obtener una respuesta, pero claro, no tardaría mucho en descubrirlo puesto que debía seguir teniendo encuentros como esos con el jefe de su padre. Se sentía un poco preocupada puesto que ahora iba a ser la amante de ese hombre por un mes entero.

Sigue avanzando mientras piensa como iba a disimular delante de su padre, como se iba a escapar para poder complacer a ese hombre, se había metido en un problemón. Por otro lado, él todavía no había cumplido su parte del trato y ella ya le había abierto las malditas piernas.

—¡Que tonta soy! ¿Y si no paga nada?

Frunce el ceño saliendo de la empresa a toda prisa…

[…]

—Estas muy callada, ¿pasa algo? ¿Ocurrió algo en el trabajo?

—No, papá. ¿Cómo te fue hoy?

—No muy bien, pero quizás pueda lograr un avance con la gente del banco.

Ella asiente. Luego mira el teléfono de casa a lo lejos, aun nadie llamaba a su padre y eso la angustiaba. Ese hombre no iba a cumplir con su part…

Entonces, justamente el teléfono suena. La rubia mira a su padre y este a ella.

—No creo que sea bueno atender, dudo que sean tan buenas noticias.

—Claro que hay que contestar padre.

A mayor velocidad se pone en pie y descuelga el auricular.

—¿Diga? —habla esperanzada.

Capítulo 7 Caliente por la llamada 1

Capítulo 7 Caliente por la llamada 2

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