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Seduciendo al suegro de mi ex romance Capítulo 821

Punto de Vista de Judy

Selene volvió a corregirme los hombros, por cuarta vez.

—La cabeza arriba, pero sin parecer arrogante —dijo, guiándome el mentón con dos dedos—. Reclama el espacio, no lo pidas. Tu manada no puede verte como alguien débil.

Intenté obedecerla, aunque la postura me resultaba incómoda. Su método se sentía anticuado, casi rígido. No estaba segura de como reaccionaría la manada si yo “reclamaba” espacio, pero Selene hablaba con una seguridad que descolocaba; lo extraño era que técnicamente ni siquiera era una Luna. Aunque su compañero tenía sangre de Alfa y Licántropo, hacía años que ambos habían renunciado al sistema porque no querían liderar ni ser liderados.

No obstante, si lo pensaba bien, Zachary y Selene sí supervisaban un pequeño grupo que también había abandonado el sistema... solo que no eran lo suficientemente temerarios como para volverse renegados por completo.

Sin éxito, intenté relajar la mandíbula,. El piso pulido del salón me devolvía un reflejo de cada uno de mis ángulos torpes, como si me juzgara. Llevaba más de una hora entrando, saliendo, sentándome, inclinándome y sonriendo.

¿Alguien siquiera hacía una reverencia en estos tiempos?

Quería preguntárselo, pero Selene imponía respeto; había algo intimidante en ella, a pesar de la calidez que sentía cuando estaba a su lado. Era una sensación extraña, familiar... como si mi loba confiara en ella sin conocerla realmente.

Me dolía la cabeza de tanto repasar la lista interminable de cosas que podían ofender a los Alfas de hasta tres territorios si respiraba en el momento equivocado.

—Otra vez —ordenó Selene mientras caminaba hacia el otro extremo del salón—. Entra como si estuvieras entrando a una cena del Consejo.

Respiré hondo y avancé con los hombros atrás, mentón neutro y pasos parejos. Me detuve justo en el centro de la alfombra, con un pie ligeramente abierto y las manos sueltas a los costados, tal como ella me había enseñado. Conté hasta cinco en mi cabeza e intenté no pensar en la mujer que estaba empeñada en protestar contra mí en mi propio territorio, intenté no pensar en el conflicto silencioso de Irene entre su mente y su corazón, ni en el hecho de que mi bebé no había parado de moverse desde que llegamos.

Tropecé un poco cuando mis ojos se detuvieron en algo sobre una de las mesas y no pude apartar la mirada. Era una fotografía: Selene se veía exhausta, sosteniendo un pequeño bulto envuelto en una manta rosa. Supuse que la bebé era Lila, aunque no podía ver su cara, sí que estaba completamente calva.

Una frase que mi mamá me había dicho hace años retumbó en mi memoria: —Cuando llegaste a nuestras vidas eras peloncita. No supimos tu color de cabello hasta que cumpliste un mes.

Capítulo 821 1

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