Punto de vista de Judy
Levi se quedó en silencio unos segundos, como si necesitara ordenar sus ideas. Se aclaró la garganta, respiró hondo y continuó.
—Así que, como era de esperarse, terminó chocando con mi padre —dijo—. Él era el Alfa a cargo en ese entonces, y de ahí nació la rivalidad. Yo fui su enemigo incluso antes de serlo de Gavin. No fue hasta que los Blackwell se ocultaron cuando Gavin ocupó ese lugar... pero ya nuestras familias llevaban años enfrentadas, entre peleas, disputas, provocaciones constantes.
Hizo una breve pausa. —Hasta que ocurrió un incidente. Y entonces la mayor de los Blackwell, la madre de Zachary, lanzó una maldición sobre toda mi familia.
El corazón se me detuvo por un instante.
¿Esme Blackwell había maldecido a los Churchill?
El estómago se me encogió. Para llegar a algo así, debieron haber hecho algo imperdonable. "¿Qué habrían podido hacerles los Churchill para provocar algo así?"
—Vinculó la sangre de los Churchill con Meg —continuó—. Si ella muere... todos moriremos.
Sentí que se me abría la boca.
—¿Qué? —susurré, sin aire.
Levi asintió, fastidiado. —Era una niña imprudente. Siempre metiéndose en problemas, siempre escapándose, aunque pasamos años tratando de mantenerla bajo control. Yo era solo un niño, pero recuerdo a mi padre gritándole cada vez que huía. Muchas veces la encerraba en su habitación. Tenía miedo de que terminara matándose, porque si eso pasaba...
—Tu familia entera moriría —completé, con los ojos muy abiertos—. Les puso una fecha de caducidad, porque sin importar cómo... incluso si muriera de vieja, todos ustedes acabarían muertos.
—Exacto —murmuró—. Nunca supimos por qué la eligió a ella para atarnos, pero fue su decisión. Luego Meg se enamoró de un chico errante y mi padre perdió el control. Mandaba llevarla de vuelta a la mansión y la encerraba, pero ella siempre encontraba la forma de escapar para estar con él. Al final, mi padre mandó matar al muchacho.
El aire me pesó en el pecho.
—Meg descubrió que estaba embarazada y huyó —continuó—. Esa parte ya la conoces.
—Y entonces fueron tras ella —dije en voz baja—. Porque si ella hacia que la mataran, toda tu línea desaparecería.
Levanté la vista, con la mente trabajando a toda velocidad. —Eso lo explica todo; la forma en que la trataron, el miedo constante, por qué escapaba y por qué la persiguieron desde el principio, por eso estaba aterrada.
Me quedé en silencio por un segundo.

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