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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 465

Al día siguiente, Alejandro salió de viaje de negocios.

Mientras iba en camino, el Ministro Zavala, habiéndose enterado de lo ocurrido con los Jiménez, lo llamó: —Has sido demasiado despiadado con la familia de tu exnovia. ¿Qué crees que pensará la familia Valdés de todo esto?

Alejandro replicó de inmediato: —¿Y qué tiene que ver la familia Valdés en mis asuntos?

Don Ricardo se quedó sin palabras. En el fondo sabía perfectamente que el asunto con Verónica Valdés no era más que una ilusión de los mayores; Alejandro jamás había dado el brazo a torcer ni había aceptado salir con ella.

La ausencia de Alejandro le regaló a Lucía cinco días de paz absoluta. Aunque seguía sin poder salir y los guardaespaldas no se movían de las puertas, al menos aquel hombre que le causaba tanto dolor físico y mental no estaba cerca.

Noel le había asegurado que, si soportaba estos días, obtendría su libertad; la ira del Sr. Zavala no duraba para siempre.

Durante esos cinco días, Lucía habló a diario por teléfono con su hermano, su cuñada y su madre. De vez en cuando hacían videollamadas, cuidando siempre de no revelar que estaba en la Finca de La Luz. La rutina transcurrió con tranquilidad.

Hasta que llegó el viernes y una avalancha de autos comenzó a entrar en la finca.

Llegaba uno cada pocos minutos. Escondida tras las cortinas de la habitación, Lucía observó la caravana y preguntó: —¿Qué pasa? ¿Ocurrió algo malo?

Noel respondió: —Tranquila, son los empleados del centro de datos...

Lucía se extrañó: —¿Y por qué vinieron aquí?

—El Sr. Zavala estuvo fuera cinco días, seguro hay muchos pendientes. Al saber que el jefe vuelve, vienen a reportarse. No te preocupes, ha pasado antes.

—¿Alejandro ya volvió? —El rostro de Lucía palideció de golpe—. Pensé que aún no llegaba.

Noel sonrió ligeramente. —Un jefe nunca hace esperar a sus empleados. Ya debe estar en camino.

Dicho esto, Noel también salió de la habitación.

El rostro de Lucía se ensombreció aún más. Empezó a frotarse los dedos, caminando de un lado a otro por la habitación, llena de ansiedad.

Lo primero que haría Alejandro al volver sería cambiarse de ropa. Él no andaba de traje por su casa; prefería ropa cómoda y casual.

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