—Ya va siendo hora de que te cases. En uno o dos años me gustaría ser abuelo.
Alejandro le dio un sorbo al café que le sirvió su padre. Todo estaría bien mientras esa joven antidrogas no hiciera ninguna locura.
Si algo llegaba a pasarle a ella...
Entonces la promesa que le acababa de hacer a su padre quedaría anulada.
En ese momento, el personal de servicio avisó que la comida estaba lista.
Padre e hijo bajaron juntos.
Como era sábado, Camilo Zavala no tenía clases y acababa de llegar a casa. Al ver bajar la esbelta figura de Alejandro, levantó el rostro y lo saludó.
—Alejandro.
—Buenos —murmuró Alejandro, mirándolo sin ninguna expresión adicional.
Justo entonces llegó el médico que Doña Leonor había llamado. La mujer insistió en vigilar cómo le cambiaban las vendas a su hijo mayor. Aunque Alejandro se negó, ella lo obligó a sentarse en el sofá, colocándose detrás y apoyando las manos en sus hombros.
Pero en cuanto el doctor quitó la venda, Doña Leonor se llevó un susto de muerte. En el dorso de su mano había una herida profunda y escalofriante, un corte evidente hecho por un objeto punzocortante.
Horrorizada, Doña Leonor lo reprendió:
—¿Cómo diablos te hiciste esta herida?
Camilo, que estaba de pie a un lado, miró la lesión con sorpresa. Era obvio que alguien se la había clavado, pero ¿acaso su hermano era de los que se quedaban quietos para dejarse apuñalar?
Tuvo que haber sido una mujer...
Al parecer, Jimena Jiménez y Alejandro ya habían llegado a esa etapa de amor tóxico y doloroso, para que ella lo dejara en ese estado.
Solo Jimena era capaz de lastimarlo así.
Impresionante.
Una sombra lúgubre cruzó fugazmente por el rostro de Camilo.
El médico de la familia le aplicó medicamento, le puso vendas nuevas y le dio varias recomendaciones. Tras despedir al doctor, el Ministro Zavala frunció el ceño:
—¿Cómo pudiste ser tan descuidado?
—No es nada —respondió Alejandro con tono plano, sin la menor alteración en su rostro—. Vamos a comer, tengo hambre.
La familia se sentó a la mesa del comedor. Doña Leonor le indicó qué alimentos no debía consumir por la herida y se apresuró a acercarle los platos que sí podía comer.

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