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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1001

CURVAS DE INFARTO. CAPÍTULO 50. Una mujer que ya no puede ser manipulada

—¡Eres tan arrogante! —explotó Mircella de repente—. ¡Te crees intocable ahora porque ese millonario te protege y te exhibe como si fueras un trofeo!

—No me protege, me respeta —corrigió Chloe, con voz firme—. Me apoya, y eso es algo que tú jamás hiciste. Y no me exhibe, está orgulloso de mí. Hay una diferencia enorme.

Mircella la miró con los ojos brillantes de rabia y una sonrisa en el rostro llena de sarcasmo.

—Está cegado, pero ya se dará cuenta tarde o temprano, cuando se le pase la obsesión, cuando vea quién eres en realidad…

—Ya lo vio —la interrumpió Chloe, levantándose despacio—. Y me sigue eligiendo, porque no soy ni la sombra de la mujer que ustedes me hicieron creer que era. He trabajado duro para convertirme en alguien segura, capaz. ¿Y tú crees que esos comentarios de mierd@ siguen haciéndome efecto?

—¡Eres una malagradecida, nosotros te criamos, te lo dimos todo…!

—Sí, eso sí, mucho desprecio, vergüenza, baja autoestima. De eso sí que me dieron mucho —siseó Chloe—. Lo bueno fue que también aprendí a reconocer rápido tus intentos de manipulación y tus mentiras. Así que no pienso cargar más con sus errores. Si papá está desempleado, que resuelva sus asuntos como cualquier adulto. Y tú... puedes seguir creyendo que todo esto es arrogancia, pero es simplemente porque jamás creíste que pudiera tener algo de dignidad después de que Claire y tú la destrozaran desde que era una niña.

—¡Vine aquí a tratar de hacer las paces contigo! —espetó su madre.

—No, solo viniste a manipular a la gorda —replicó Chloe—. Pero puedes irte por donde viniste, porque no va a funcionar.

Mircella la miró con desprecio mal contenido, se ajustó el bolso en el brazo y, se levantó de golpe.

—Tienes razón, en este punto es demasiado obvio que no tienes nada que ver con nosotros —gruñó—. Que conste que traté de hacer las cosas por las buenas, pero al final… te mereces todo lo que te pase.

Mircella dio un paso hacia atrás, se giró y se fue entre taconeos firmes y orgullo herido, como si aún le quedara algo de dignidad que salvar.

Chloe se quedó quieta por un momento, mirando la mesa vacía frente a ella, y sus manos temblaron un poco, no de miedo, sino de la liberación.

Por primera vez en muchos años, se sintió ligera, como si cada palabra que había dicho le hubiera arrancado de los hombros un peso invisible que llevaba desde la infancia. No era fácil cortar con el pasado, pero esta vez no era una niña sola y asustada. Esta vez era una mujer que sabía quién era y quién no estaba dispuesta a volver a ser.

Sacó su teléfono y le mandó un mensaje a Elías:

"Te amo. Gracias por nunca dejarme dudar de mí misma."

A los pocos segundos, él respondió:

"¿Quién te hizo dudar? Dame nombres. Estoy a tu izquierda con una pala."

Chloe soltó una risa suave mientras giraba la cabeza y lo veía allí, en la mesa más cercana, camuflado de espaldas a ella, pero siempre atento.

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