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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1050

ADICTO A TI. CAPÍTULO 32. Un presentimiento

Milo Keller tenía algo más que decir, pero lo olvidó en el momento en que vio a su hijo avanzar por el pasillo del hospital hacia la puerta de salida.

—¡Logan! ¿A dónde vas? —lo increpó pero su hijo solo le hizo un gesto para que lo siguiera.

—Voy al hipódromo. No puedo darle tiempo a quien haya hecho esto de eliminar evidencias —sentenció con tanta seguridad que por un momento su padre hasta olvidó que realmente podía ser culpa del caballo y nada más.

—Logan, por amor de Dios, tu esposa está ahí dentro y todavía no saben ni si va a estar bien… —trató de detenerlo Milo, pero Logan solo se detuvo para replicarle.

—Y mi esposa jamás me ha pedido nada. ni que llegue temprano del trabajo, ni que le dedique más tiempo, ni que vaya a sus competencias, ni que sea partícipe de todas las cosas que son importantes para ella, pero hoy… hoy mi esposa acaba de pedirme una cosa, una sola, y tengo toda la intención de cumplirla.

—Pero…

—Vanessa no está sola, mi madre y mis hermanos están ahí y literalmente toda la familia está viniendo. La pregunta es: ¿Tú vienes conmigo o no? —le preguntó y Milo carraspeó.

—¿Quieres que vaya contigo?

—Si encuentro algo, voy a necesitar testigos, y no puedo pensar en nadie con más credibilidad que tú —sonrió Logan y su padre asintió despacio antes de echar a andar junto a él.

Y mientras ambos caminaban hacia los ascensores, Logan tenía la sensación cada vez más fuerte de que el accidente de Vanessa no había sido un accidente en absoluto.

No sabía explicar por qué, pero ella creía que alguien había lastimado o quería lastimar a Obsidian, y él le creía a ella. Y ese presentimiento dejó de ser sensación y se convirtió en un golpe seco en el pecho en cuanto llegaron al hipódromo y encontraron un auténtico caos.

Logan no sabía lo que estaba pasando en los boxs de los caballos, pero al menos en el pasillo de entrada a las pistas, donde todos podían verlos y escucharlos, los Lancaster estaban discutiendo con los responsables del evento y el tema principal era Obsidian.

—¡Ese animal tiene que ser sacrificado ahora mismo! —gritaba Harold como si levantar la voz fuera sinónimo de poder, o como si su sola orden bastara para que todos corrieran a obedecer.

—¡Es peligroso! —exclamó Ophelia y pronto su hija y su suegra se sumaron al escándalo.

—¡Casi mata a Vanessa! ¡Ese caballo merece pagar las consecuencias! —espetó Melody.

—¡Yo me hago responsable! —levantó la voz Florence—. ¡Quiero que lo sacrifiquen en este momento! Llamen un veterinario, ese caballo no puede sobrevivir después de lo que le hizo a mi nieta —escupió tratando de acorralar al dueño del hipódromo, pero antes de que el señor Silvergeist pudiera responderle y calmar a los miembros del comité del concurso que estaban presentes, una voz potente rompió el escándalo.

—¡¿Con qué derecho?!

El silencio fue inmediato y peligroso mientras todas las cabezas se giraban hacia la puerta y veían entrar a Logan Keller. En aquel momento no parecía el Gerente ejecutivo de una compañía multimillonaria, parecía una tormenta a la que se podía… o no, sobrevivir.

—¿Perdón? —preguntó Florence exasperada, pero Logan ni se inmutó cuando se paró delante de ella y la miró desde arriba, porque su edad y su estatus lo tenían sin cuidado.

—Usted me escuchó muy bien. ¿Con qué derecho están disponiendo de una propiedad que no les pertenece?

Harold intentó intervenir con expresión ofendida.

—Logan, ¡ese caballo lastimó a mi hija!

—Puede ser el mismísimo demonio reencarnado. —El tono de Logan fue tan frío que varias personas retrocedieron involuntariamente—. Y aun así nadie tiene derecho a sacrificar un animal que no es suyo.

Los miembros del comité intercambiaron miradas y uno de ellos dio un paso adelante.

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