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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1056

ADICTO A TI. CAPÍTULO 38. una esposa halagada

Los días que siguieron al accidente transcurrieron de una forma extraña para Logan.

Por primera vez en años estaba trabajando desde casa, y aunque al principio le había parecido una solución perfectamente razonable, no tardó en descubrir que dirigir una empresa desde una mansión llena de veterinarios, empleados, caballos y una esposa incapaz de quedarse quieta era bastante más complicado de lo que había imaginado.

Aquella mañana había pasado tres horas enteras intentando cerrar una negociación mientras Nico se burlaba de él por videollamada y su madre interrumpía dos veces para preguntarle dónde quería colocar unos muebles.

Al final terminó masajeándose las sienes.

—Necesito ir a la oficina aunque sea unas horas —murmuró.

Pero cuando finalmente regresó anocheciendo, encontró una escena que consiguió borrar buena parte de su agotamiento.

Vanessa estaba sentada en el césped del jardín trasero, recostada en el lomo de Obsidian mientras el enorme semental negro descansaba tranquilamente bajo el sol. Verla usar su costado como si fuera un sofá gigante era casi tierno. Se estaba riendo de algo que uno de los veterinarios acababa de decir y la felicidad que irradiaba era tan evidente que Logan se quedó observándola durante varios segundos.

Aquella mujer se veía feliz, de verdad feliz, y no necesitaba un ferrari para eso… aunque aquel caballo probablemente costaría como uno.

Vanessa levantó la vista y lo descubrió observándola.

—¿Todo bien con la empresa?

—Tuve que ir, lo siento, creo que empezaron a sospechar que me habían secuestrado.

Ella soltó una carcajada limpia porque sí, cualquiera que viera a Leon ausentarse dos días lo habría creído también.

—¿Y qué les dijiste?

—Que técnicamente era cierto.

Logan caminó hasta ellos y, para sorpresa de Vanessa, se dejó caer sobre la hierba. Luego apoyó la cabeza en sus piernas, acostándose.

—¿Puedo quedarme aquí un ratito? ¿A ver si me contagian alegría y este… personaje?

Obsidian dejó escapar un relincho de advertencia como si supiera que hablaban de él.

—Puedes, pero te aviso que lo que tienes no se quita con una siesta de cinco minutos.

—Eso es cierto —suspiró él cerrando los ojos—. Lo que necesito es el telescopio, el botón ese en mi aplicación y… ¡no, lo que necesito es cruzar la calle después de presionar el botón y…! —Y entonces se incorporó de golpe, con los ojos muy abiertos—. ¡Joder, dije eso en voz alta! —susurró mirando de reojo a Vanessa, pero junto a él, su esposa soltó una carcajada.

—¡Ni se te ocurra disculparte! —le advirtió tirando de él para que volviera a acostarse—. Me siento halagada de que te parezca tan sexy con todas las contusiones que tengo y caminando como una viejita coja.

Vanessa comenzó a acariciarle el cabello distraídamente y Logan la miró de reojo, sonrojándose lo justo porque cada vez aquello le parecía menos un matrimonio por contrato.

Durante varios minutos permanecieron así, ella recostada contra Obsidian, él recostado contra ella… Y el caballo observando a ambos con expresión de absoluta resignación.

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