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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1090

APA. CAPÍTULO 4. Una venganza peligrosa.

¿Qué quería? Esa pregunta era simple, pero la respuesta no. Quería venganza, quería que Sven pagara cada día por lo que había intentado hacerle… la pregunta peligrosa era ¿qué estaba dispuesta a sacrificar para conseguirlo?

Pero cuando vio la mirada oscura de aquel hombre fija en la ciudad, su pecho duro subiendo y bajando con rabia contenida, sus dedos firmes sobre una copa de coñac… ni siquiera pudo verlo como sacrificio. O quizás sí, pero no el suyo.

—Que Diosito te ayude… —murmuró aunque no sabía exactamente para quién, solo supo que él giró la cabeza y sus ojos se quedaron fijos en ella cuando se incorporó en la cama.

—¿Odette? —dijo él mientras observaba aquel despertar suave, como si emergiera de un sueño profundo hacia otro más ligero.

Luc se enderezó con el corazón dándole un golpe sordo contra las costillas.

—Hola amor… ¿dónde estamos? —preguntó ella bostezando con pereza.

—En el hotel bajo el club. Tenía una habitación aquí, te traje cuando te pusiste mal –respondió él con tono suave.

—¡Uff, lo siento! —Ella hizo un puchero—. Parece que la champaña nunca será lo mío.

Se levantó despacio, caminó hasta él y se levantó el vestido antes de sentarse a horcajadas en su regazo. Lo sintió ponerse rígido en un segundo, pero pasó los brazos detrás de su cuello, fingiendo no notarlo.

—Aun así… me encanta que por fin podamos estar solos, amor.

La frase lo golpeó como un puño físico. Pero no había a dónde retroceder, no había a dónde escapar.

—Odette… —pero las palabras murieron en su boca cuando ella bajó al cabeza y se apretó contra él.

Sus labios se encontraron en un beso posesivo, demandante, uno que Odette dominaba con la misma autoridad con que gobernaba su casa de modas. Y Luc se quedó paralizado por tres segundos, los tres de la sorpresa, luego sus brazos la rodearon con firmeza y devolvió aquel beso como si hubiera estado esperándolo por años.

La respiración de Odette se entrecortó en pocos instantes, y una mano de Luc se aferró al cabello en la base de su nuca, reteniéndola. Él podía sentir el calor de su aliento, oler el perfume sutil de su piel, una mezcla de jazmín y algo más salvaje, más oscuro.

Le cuerpo de Odette se sentía febril contra el suyo, pero su boca recorriendo la línea de su barba, mordisqueando su cuello, deshaciendo su corbata… eso era lo que lo descontrolaba a él. Su erección despertó antes de que pudiera evitarlo, y cuando el primer botón de su camisa saltó, Luc sujetó la cara de Odette y la obligó a mirarla a los ojos.

—No lo preguntaré dos veces. ¿Estás segura de esto? —la interrogó con dureza y ella respondió rozando las comisuras de su boca con sus labios.

—Sé exactamente lo que quiero… Y te quiero a ti.

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