APA. CAPÍTULO 5. El cuerpazo del delito
La lengua de Luc eras feroz, caliente, implacable, y Odette arqueó la espalda contra el ventanal. El contraste entre el frío del cristal y el calor húmedo de su boca la rompía en dos sensaciones contradictorias. Sus dedos se cerraron sobre el cabello de Luc, y tiró sin saber si quería apartarlo o acercarlo más.
Luc no se dejó mover. Presionó la boca con más firmeza, hundiendo la lengua entre los pliegues, lamiendo la entrada y retrocediendo para volver al clítoris con una precisión que delataba práctica. El sonido que producía era obsceno: húmedo, blando, interrumpido por pequeños besos que colocaba con deliberación sobre cada centímetro sensible.
Odette jadeó. Sus caderas se movieron solas, buscando esa boca, y él respondió sujetándola más fuerte, clavando los dedos en la carne de sus muslos hasta dejar marcas blancas que después enrojecerían.
—No puedo... —Odette no terminó la frase.
Sus piernas temblaban. Los talones se le clavaban en el suelo de mármol, resbalando un milímetro cada vez que un espasmo la recorría. El orgasmo se acumulaba como agua detrás de una presa: algo masivo, inminente, que presionaba por salir.
Luc lo notó en cómo se tensaban los músculos de sus muslos, en cómo su respiración se había convertido en jadeos cortos y entrecortados, en cómo su sexo se contraía contra su boca en pequeños espasmos involuntarios. Y en el mismo segundo en que presintió aquel suspiro desesperado que saldría de su boca, tiró de ella bruscamente, sentándola sobre su erección con un movimiento limpio. Su miembro se hundió en medio de aquella humedad y lo que siguió fue un grito que ninguno de los dos esperaba.
El dolor llegó agudo, inesperado, como un desgarro preciso. Y de la garganta de Odette escapó un sonido breve, roto, que rebotó en el cristal y en el mármol y en los techos altos del loft. Se quedó inmóvil, con los ojos muy abiertos, llenándose de lágrimas que no caían, y sus dedos se cerraron sobre los hombros de Luc hasta que las uñas dejaron marcas. Y él no necesitó más para darse cuenta.
—Maldición… Odette… —murmuró con un jadeo espantado—. Eres…
—Era… —corrigió ella con un jadeo agotado y él buscó su boca, más despacio esta vez.
—No me voy a mover —dijo y una de sus manos sus manos se posó en su cadera sin empujar, sin presionar, solo sosteniendo—. No hasta que tú quieras. ¿De acuerdo?
La otra mano bajó despacio entre los dos. Odette podía sentir su miembro latiendo dentro de ella como una pulsación que la estiraba, que la abría. El ardor no disminuía, pero tampoco empeoraba, hasta que aquellos dedos expertos encontraron su clítoris otra vez.
El primer roce fue suficiente para hacerla cerrar los ojos, casi con tanta fuerza como su sexo se cerraba alrededor de él. Los dedos de Luc mantuvieron el ritmo, suaves pero constantes, trazando espirales que se cerraban y se abrían, transformando la tensión en los muslos de Odette en otra cosa. Su respiración pasó de corta y contenida a más larga, más profunda. Los dedos que se clavaban en los hombros de Luc aflojaron su presión, y su sexo comenzó a ceder, a buscar, a necesitar de nuevo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....