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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1095

APA. CAPÍTULO 9. El salvador de China

Odette hizo drama. ¡Obvio que hizo drama! Solo le faltaron los golpes en el pecho, pero finalmente se fue a su departamento sola y ofendida porque la suite no estaba disponible y ella no estaba dispuesta a recrear “la mejor noche de su vida” en ningún otro lugar.

El problema era que esa noche tampoco se le salía de la cabeza, y presentía, con ese sexto sentido de araña venenosa Keller, que el hecho de que todas las suites estuvieran reservadas no era una casualidad del destino, sino obra de Luc. Así que mandó a investigar discretísimamente su agenda y se apareció en la sede del conglomerado Amsler justo diez minutos después de que él saliera a una reunión de importadores.

Se metió a una sala de juntas que estaba en medio de la oficina de los gemelos, como la chica más distraída del mundo, y sonrió viendo al hombre que dejaba unos documentos sobre el escritorio. Llevaba un traje gris oscuro y tenía la chaqueta abierta, Odette ni siquiera necesitó mirarlo a los ojos.

¡Ese hombre despedía feromonas solo para su maldita nariz!

Cerró la puerta sin hacer ruido y avanzó hacia Luc antes de que pudiera advertir su presencia. Le rodeó la cintura por detrás y apoyó la mejilla entre sus omóplatos.

—¡Hola, amor!

Luc se quedó rígido.

—Odette... —murmuró, pero ella no lo dejó continuar.

Le dio la vuelta, rodeó su cuello con los brazos y levantándose de puntillas lo besó. Y podía parecer dulce, pero era un asalto deliberado, y Luc tardó más de lo normal en por los hombros y separarla.

—Espera…

—¿Qué?

Odette sonrió como si no entendiera su reacción, y lo acorraló contra el escritorio, tirando de su corbata para besarlo de nuevo, profundo, delicioso; y esta vez Luc tardó más en detenerla. Mucho más.

—Odette —murmuró cuando por fin los dos necesitaron respirar—, no puedes…

—¿No puedo hacerte esto en la oficina? —preguntó ella, pasando los dedos por su corbata—. Últimamente estás desesperado a las horas menos oportunas, y ahora que por fin tenemos unos minutos… ¿no quieres?

Luc la miró fijamente, como si tuviera miedo de asegurarse de algo, pero solo vio a una mujer coqueta que rozaba su cuello con la nariz con un gesto de deseo. Y en eso sí que no se equivocaba, porque desde aquella primera noche Odette sabía que lo que había comenzado como una forma de castigar a Sven se estaba convirtiendo en algo mucho más peligroso. Porque ahora ya no necesitaba estar furiosa para desear a Luc.

—Vine a sorprenderte —dijo tirando de él hacia la oficina de Sven y cerrando la puerta con seguro.

—Ya lo hiciste —admitió él, pero la seguridad murió en sus labios cuando vio la pequeña caja de dulces que ella traía en la mano: cupcakes con glaseado de chocolate—. Eso… se ve como algo peligroso —murmuró en medio de un jadeo bajo.

—Estoy intentando convertirlo en eso —sonrió ella sacando uno y metiéndolo entre sus bocas deliberadamente.

Luc dejó que el sabor de Odette junto con el chocolate le inundara la lengua, y terminó sonriendo mientras ella le manchaba descaradamente el cuello para lamerlo después.

—Odette…

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