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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1118

APA. CAPÍTULO 32. Palabras sinceras.

“No sé qué haría si llegara a perderte”.

Podían parecer palabras simples, como un reflejo automático, pero el temblor en el cuerpo de Luc le decía que no tenían nada de calculado ni de simple.

Media hora después el auto ya se había marchado. El conductor había pedido disculpas tantas veces que ella terminó diciéndole que se fuera, pero Luc seguía alterado, con esa hipervigilancia que crea el haber estado a punto de perder algo importante.

—Oye, tienes que calmarte, no me pasó nada, no me vas a perder —intentó decirle pero Luc le sostuvo el rostro entre sus manos.

—Ese es el maldito problema —siseó y Odette frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué problema?

Él guardó silencio y se apartó, como si quisiera decir algo que finalmente no encontraba salida de su garganta.

Después de tantas semanas viéndolo medir cada palabra, controlar cada gesto y detenerse siempre un segundo antes de cruzar determinados límites, Odette reconoció inmediatamente el momento en que dejó de hacerlo.

—Te amo —gruñó entre dientes, ahí mismo, con cientos de desconocidos pasando alrededor, en medio de una calle cualquiera, de un día cualquiera… y de un momento robado al que ninguno de los dos tenía derecho.

Odette dejó de respirar, pero Luc no apartó la mirada.

—¿Qué dijiste…?

—Que te amo.

El corazón de Odette golpeó con fuerza. Aquello no formaba parte del juego. No podía.

Luc no estaba fingiendo ser su hermano. Solo estaba diciendo eso que lo tenía atormentado sin dejar que nadie lo notara.

—No tienes que responder —añadió él y Odette abrió la boca.

—Yo...

—No. —Luc levantó las manos como si no quisiera escucharla—. No lo dije para conseguir una respuesta.

—Entonces ¿por qué lo dijiste?

Él soltó el aire como si de verdad le doliera respirar.

—Porque casi te atropellan y lo único que pude pensar fue que podía perderte sin habértelo dicho.

Odette sintió un nudo en el pecho. Pensó en Sven. En la apuesta. En la copa con droga. En la primera noche. Había empezado todo aquello porque quería castigar a su prometido. Quería que escuchara cómo su hermano la había tocado. Quería verlo tragarse los celos sin poder confesar por qué. Quería obligarlo a soportar las consecuencias de haberla tratado como un objeto que podía apostar.

Pero aquello ya no tenía nada que ver con Sven.

Luc había tomado un avión por ella. Había dejado en Suiza abogados, patentes y decisiones relacionadas con una empresa de caso ochocientos millones. Había pasado días enteros ayudándola sin necesitarlo. Había aprendido sobre su colección. Había celebrado sus logros. La había escuchado.

Y ahora… ahora le decía que la amaba.

Así que hizo lo único que podía hacer sin revelar la verdad: chocar contra su cuerpo como si estuvieran destinados a colisionar y besarlo.

Luc tardó apenas un instante en responder. Ella le rodeó el cuello con los brazos y se pegó a él, olvidando que seguían en una calle, que había gente pasando y que todavía existían demasiadas mentiras entre ambos.

Cuando se separaron, lo sintió apoyar la frente contra la suya.

—Eso tampoco responde.

—Dijiste que no tenía que hacerlo.

—Correcto.

—Entonces no arruines tu momento.

Luc rio.

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