APA. CAPÍTULO 39. Yo lo decidí
El salón parecía una bomba de tiempo a la que alguien le hubiera tapado deliberadamente la pantalla de la cuenta atrás. Todos sabían que estallaría, pero ya nadie podía saber cuándo. Aunque siendo honestos, el rojo cada vez más intenso en la cara de Sven ya era una señal bastante fuerte. Él miraba a su hermano y a su prometida con una mezcla de furia y humillación, pero el problema era que ninguno de los dos parecía sentir un ápice de vergüenza por lo que estaban revelando, como si nada de lo que habían hecho hubiera estado mal.
—¡Entonces ustedes dos llevan meses jugando conmigo! —rugió Sven, pero Luc solo le hizo una mueca de fastidio.
—Jugando no es la palabra que yo usaría —respondió.
—Esa se queda corta —añadió Odette y Sven la miró con odio.
—¡Tú…! ¡Te acostabas con mi hermano y después regresabas conmigo para decirme lo que habían hecho! —vociferó perdiendo la compostura.
—¡Exacto! Y tú sabías lo que ocurría —dijo Odette—. Te conté cómo lo besaba, cómo me acostaba con él, y tú jamás me corregiste.
Sven se puso todavía más rojo, un poco más y la vena de la frente le saltaría seguro.
—¡Porque creía que estabas confundida!
—¡Sí, por supuesto! ¿Y no te molestó que me confundiera tantas veces? Quiero decir… ¿jamás se te ocurrió advertirme? —preguntó ella con un fingido gesto de inocencia—. ¡Ah, deja que yo misma me responda! ¡No lo hiciste porque eso te habría obligado a enfrentarme!
—¡Tú fuiste la que me engañaste! —se defendió Sven furioso—. ¡Tú fuiste la que fingió que no distinguías entre nosotros! ¡Tú te acostabas con él y venías después a contármelo como si hubiera sido conmigo!...
Odette caminó despacio hacia Sven. Recordó el club, sus amigos riendo, su voz diciendo que era una niña rica mimada, la seguridad con la que había puesto su cuerpo sobre una mesa de apuestas convencido de que jamás tendría que pagar. Ya no existía ninguna razón para proteger el secreto.
—¡Oh, cariño, hice cosas peores! Y lo hice porque te escuché —siseó ella con desprecio y Sven perdió cualquier rastro de color.
—No sé de qué hablas.
—Claro que lo sabes. —Odette soltó una risa breve—. ¡Escuché muy bien cómo me apostabas como si fuera un pedazo de carne! La noche en que el concejo debía elegir entre tu proyecto y el de tu hermano, estabas tan desesperado por ganarle a tu hermano que me apostaste con él.
La indignación recorrió el salón como una marea imparable, pero Odette no se detuvo, porque quería que todos escucharan. Las familias como los Amsler se escudaban detrás del buen nombre, y si Odette iba a destruirlos, porque iba a destruirlos, quería empezar justamente por esa reputación intachable que fingían tener.
—Delante de tus amigos y de varios ejecutivos de tu empresa, le dijiste que me entregarías a tu hermano una noche para que hiciera conmigo lo que quisiera si perdías la apuesta.
Dana soltó una exclamación y Loan avanzó un paso con los puños apretados, pero su hijo mayor terminó deteniéndolo porque sabía que Odette necesitaba terminar aquello por sí misma.
Sin embargo esa noticia era carne fresca para todos, porque el padre de los gemelos se puso lívido y balbuceó con voz incrédula.
—¿Qué significa… que te apostó? ¡Sven… ¿eso es cierto?! —espetó el viejo, porque podía aceptar que su hijo no fuera demasiado inteligente, pero de ahí a apostar a su prometida…—. ¿Hiciste qué?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....