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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1127

APA. CAPÍTULO 41. Lealtades ciegas.

—No vas a quedarte sola. —Era la tercer vez que Loan lo decía en los dos días desde que habían regresado a la residencia familiar.

Odette dejó los zapatos junto al sofá y se dejó caer sobre los cojines.

—Papá, no estoy enferma.

—Estás embarazada.

—Eso tampoco es una enfermedad —suspiró Odette, pero tres segundos después su cara se puso verde.

—¡Una maceta! —gritó Dana, pero Adriana se acercó con otro recipiente y Odete vomitó en uno de los lindos floreros que los Amsler habían mandado a hacer como recuerdos de boda.

—Pensé que sería un lindo simbolismo —rio Adriana mientras veía a su prima echar la mitad de su estómago ahí.

—¡Joder, está perfecto el simbolismo! —exclamó ella, y cuando por fin se le pasaron las náuseas, dejó caer la cabeza contra el respaldo—. OK, me quedaré aquí un par de días, pero luego tengo que ir a mi estudio, a mi departamento y a mi vida, que no se va a detener solo porque un estúpido…

El timbre sonó en ese momento y todos miraron hacia la puerta.

—¡Bueno, creo que ese es el estúpido que estaba esperando! —exclamó Odette justo antes de que una de las chicas del servicio lo anunciara.

—El señor Luc Amsler pregunta si la señorita Keller aceptaría hablar con él. Dice que tiene una cita.

—¿Hizo una cita? —preguntó Loan con incredulidad.

—Sí. Ya sabíamos que era un hombre inteligente —le respondió su esposa.

—¡Pues yo no pienso dejarte a solas con ese hombre! —gruñó Loan en plan protector, pero su esposa le puso una mano en brazo para calmarlo.

—Cariño, ese pobre hombre ha estado a solas con nuestra hija —le dijo—. Mejor desconecta las cámaras de seguridad por si su cadáver aparece en nuestra propiedad, no quiero tener que cometer perjurio por ella.

Y Loan despegó los labios… pero pareció reconsiderar el argumento de su mujer.

—¿Estás segura? —fue lo último que le preguntó a su hija y Odette levantó una ceja.

—Estoy embarazada de ese hombre.

Loan cerró los ojos como un pobre padre resignado.

—No utilices eso como argumento.

—El argumento es que desconecten las cámaras… ¡No porque vaya a hacerle nada! Porque necesito hablar con Luc sin ustedes escuchando.

Loan salió a regañadientes, empujado por su esposa, y poco después Luc entró solo.

Los últimos dos días habían sido agonizantes para él. Y no, no había podido esperar tranquilo a que Odette lo llamara, así que había hecho una cita con su asistente, porque después de tantos cafés llevados y traídos en parís, la chica le tenía un poco de lástima.

Ella se puso de pie cuando lo vio, y él se acercó despacio, con las manos en los bolsillos y la corbata floja porque sentía que ya era bastante ahogarse con sus propias palabras.

—¿Cómo estás? —fue lo primero que le preguntó, con esa ternura peligrosa que se le había salido a veces y que Odette sabía que era sincera.

—Embarazada —respondió y Luc soltó el aire con algo parecido al alivio.

—Sí.

—Y furiosa.

—También lo imaginé.

Su mirada se volvió aun más oscura y Odette señaló el sillón frente a ella.

—Siéntate.

Luc pasó saliva mientras se sentaba. Hacía tres días dormían abrazados y ahora, de alguna forma, parecían dos desconocidos sentados a ambos lados de una negociación.

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