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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1128

APA. CAPÍTULO 42. Confesiones entre dos

Odette apretó los puños sin poder evitarlo. El mundo empezaba a darle vueltas, pero sabía que no era por el embarazo. Era la suma de semanas de un juego retorcido que ya estaba pasándole factura a su sistema nervioso.

Se dio la vuelta, y caminó hacia la ventana más cercana, como si ver las flores del jardín le diera algo de estabilidad.

—Tienes razón, no eres el héroe ni el villano. Tú no forzaste la voz de Sven cuando me apostó, ni su mano cuando drogó la copa. No sabías qué iba a ocurrir o si de verdad lo iba a hacer, pero cuando me entregó...

—Quise matarlo. —La respuesta fue inmediata—. Pero preferí llevarte antes de hacer un escándalo.

—Pero viste que vacié la copa.

—Sí.

—Y no dijiste nada.

—Porque tú no dijiste nada —respondió Luc—. Me imaginé que debías tener una buena razón para fingir que sí estabas drogada. Así que elegí seguirte el juego antes de que lo enfrentaras y su estupidez terminara convertida en alguna tragedia.

Y ella sabía que eso era cierto, porque si Sven de verdad lo hubiera logrado, si ella se hubiera bebido esa copa, si hubiera llegado solo diez minutos tarde al reservado y no hubiera oído nada…

La simple posibilidad le revolvió el estómago con tanta fuerza que abrió la ventana con desesperación y vomitó afuera. La primera arcada la hizo inclinarse, pero una mano firme sobre su pecho la mantuvo en su lugar.

—¡Shshshsh! Está bien… está bien… mejor que salga todo… —susurró Luc con tanta suavidad que a ella casi se le aflojaron las piernas.

Un segundo después, no supo cómo, tenía algo frío en la nuca y aquella mano enorme acariciándole la espalda como si hubiera tomado un curso intensivo de dos días sobre cómo sobrevivir a una embarazada.

—Huele esto, ya se te va a pasar… —dijo Luc dándole la vuelta despacio y abrazándola y Odette lo miró como si fuera un alien.

—¿Por qué hueles a jengibre? —preguntó.

Él parpadeó despacio.

—Leí por ahí que es bueno para las náuseas… —carraspeó.

—¿Y por ahí donde lo leíste también decía que te lo untaras como perfume para que yo tuviera que restregarte la nariz por medio pecho? —reclamó Odette.

—No, eso fue iniciativa propia, puro instinto empresarial. Creo que si Atlas falla, por ahí tengo un nuevo emprendimiento: perfume de jengibre para futuros padres. ¡Calme las náuseas de su mujer con un abrazo!

Y Odette no pudo evitarlo, tuvo que reír a pesar de sentirse como si estuviera borracha sin haber disfrutado.

Cuando por fin se sintió un poco mejor, Luc la llevó al sofá y se sentó junto a ella sin invadir demasiado.

—Todo lo que quieras saber te lo voy a decir. Sin importar lo feo que suene, sin importar que no tenga defensa. No voy a intentar justificarlo —continuó él—. Cuando abriste los ojos aquella noche sabía que no estabas drogada, pero necesitaba comprobar que estabas orientada, que sabías dónde estabas y qué estabas haciendo.

—Y después me acosté contigo. Lo aceptaste.

—Porque tú dijiste que estabas segura —respondió Luc—. Me aseguré de preguntarlo.

—Pero me dejaste continuar, esa y todas las veces posteriores.

—Soy CEO, no santo. Tenías cara de vengadora anónima y yo me dejé usar, lo confieso.

Odette soltó una risa incrédula.

—Y yo pensaba que te estaba engañando. ¿Siempre sospechaste que era por venganza? —preguntó con un poco, solo un poquito de remordimiento, no por lo que había hecho, sino porque ahora sabía lo que Luc sentía por ella.

—Sabía que tenía que ver con Sven. No sabía que habías escuchado la apuesta.

Odette se acurrucó en el sofá y echó atrás la cabeza.

—Yo disfrutaba regresando con él después.

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