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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 1142

APA. CAPÍTULO 56. Un buen chico

Odette pasó una mano sobre su vientre. Amaba aquel cambio por lo que significaba. Cada movimiento de su hija la emocionaba. Ver crecer su vientre convertía el embarazo en algo tangible de una forma que incluso las ecografías no conseguían.

Pero eso no significaba que reconociera siempre el cuerpo que veía en el espejo.

—Eres un Shakespeare malhablado —rio—. Toda mi vida profesional gira alrededor de la ropa. Sé exactamente cómo quiero verme y ahora nada cae donde debería. Si compro algo más grande, parece que llevo una bolsa. Si intento adaptar mis vestidos, las proporciones cambian. Y casi toda la ropa premamá que encuentro parece diseñada para esconder el cuerpo.

Luc escuchó sin interrumpir.

—No quiero esconderlo —continuó ella—. Solo quiero mirarme y sentir que sigo siendo yo.

Ahí estaba el problema. No era el peso. Ni siquiera el vientre. Era una mujer que había convertido la estética en profesión y de pronto no encontraba su propio lenguaje para vestirse.

—Entonces diseña algo.

Odette levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Ropa.

—Sé qué significa diseñar.

—Eso facilita mucho mi propuesta.

Ella le lanzó una almohada y Luc la atrapó.

—Hablo en serio. Llevas cuatro días enfadada porque nadie hizo la ropa que quieres. ¡Hazla tú!

Odette abrió la boca y volvió a cerrarla mientras Luc señalaba los vestidos.

—¿Qué debería hacer uno de esos para que te gustara?

La pregunta modificó inmediatamente su expresión. Odette tomó el vestido negro.

—Para empezar, esto está construido para una cintura que ahora no tengo. Necesito desplazar la estructura.

Se levantó. Buscó una libreta. Cinco minutos después estaba dibujando y Luc sonreía como si hubiera acabado con el hambre en el mundo.

—¡Esa es mi chica!

Lo que comenzó como una solución para un vestido terminó ocupando toda la tarde. Odette extendió tejidos sobre la mesa del comedor mientras Luc trabajaba en el extremo contrario. Cada pocos minutos ella levantaba una muestra o le enseñaba un boceto.

Luc cometió el error de decir que dos tejidos le parecían iguales y Odette lo miró horrorizada.

—Este tiene caída.

—El otro también cae si lo sueltas —se defendió él.

—No vuelvas a opinar.

Diez minutos después volvió a preguntarle qué prefería. Luc aprendió rápido. No sabía de moda y no fingía saber. Pero entendía de estructuras, funcionalidad y personas. Preguntaba si una costura presionaría cuando el vientre creciera, si un cierre seguiría siendo cómodo dentro de dos meses o si el mismo vestido podía adaptarse sin perder la forma.

Odette empezó a incorporar algunas ideas. Diseñó una cintura que acompañaba el vientre en lugar de esconderlo. Probó un sistema interior que permitía ajustar la prenda conforme avanzara el embarazo. Eliminó volumen innecesario y recuperó las líneas limpias y elegantes que utilizaba habitualmente en sus colecciones.

Al final de la semana ya no existía un vestido. Había nueve bocetos.

—Esto podría ser una línea —dijo contemplándolos, y Luc levantó la vista de su computadora.

—Eso llevo diciendo tres días.

—No. Dijiste que hiciera ropa.

—Nueve vestidos cuentan como ropa —replicó él y ella puso los ojos en blanco.

—No sé qué haría contigo si no fueras un cavernícola tan sexy —lo regañó.

—¡Pues justo ese es el asunto! Que a ti lo que te gusta es desvestir al cavernícola. ¿Para qué te engañas?

Ella sonrió y Luc podía jurar que hacía semanas que no la veía sonreír de aquella manera.

El primer prototipo estuvo terminado una semana después. Odette insistió en probarlo personalmente. Luc la acompañó al taller después de una reunión y esperó fuera del probador mientras dos costureras realizaban los últimos ajustes.

No esperaba gran cosa de aquel momento. Había visto el boceto. Había tocado el tejido. Incluso había opinado sobre un cierre lateral que Odette terminó cambiando después de explicarle durante veinte minutos por qué su sugerencia era técnicamente horrible.

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