APA. CAPÍTULO 57. Apostar por amor
Odette sintió que la sonrisa desaparecía mientras Luc continuaba mirándola.
—No quería que pensaras que estaba aquí porque estás embarazada. Ni que utilizaría al bebé para conseguir una relación contigo. Y mucho menos que todo volviera a convertirse en lo que era antes.
Encuentros robados. Habitaciones cerradas. La excitación de hacer algo prohibido. Una venganza que había terminado convirtiéndose en sentimientos que ninguno había previsto.
—Y me he portado bien, ¡sabes que me he portado bien! Pero nena, ni por un minuto el embarazo ha cambiado la forma en que te veo.
Odette abrió la boca.
—No he dicho eso…
—No necesitabas decirlo. —Luc se detuvo frente a ella—. Te he visto mirarte al espejo. Te he visto esconderte dentro de ropa que odias porque no sabías cómo vestirte. Y he intentado no decirte cada cinco minutos que sigues pareciéndome la mujer más hermosa de cualquier habitación porque sé que no era eso lo que necesitabas escuchar.
Odette sintió calor en las mejillas.
—Luc...
—Pero no confundas mi distancia con falta de deseo —gruñó mientras avanzaba hacia ella y su voz se hacía ronca y desesperada—. ¡Ese maldito vestido se te pega por todos lados y yo solo quiero arrancártelo…!
—¡Ni se te ocurra, es un prototipo! —exclamó ella azorada.
—OK, entonces quiero quitártelo amablemente, doblarlo con cuidado, ponerlo sobre la mesa, y luego follarte como si quisiera embarazarte de nuevo. ¿Tiene sentido?
Odette permaneció inmóvil.
—Para un sociópata, sí —murmuró ella y Luc levantó una mano, pero se detuvo antes de tocarla.
—¿Y quieres ver los cuadritos del sociópata o no?
La frase eliminó de golpe los últimos meses de incertidumbre. Odette miró aquella mano suspendida entre ambos y comprendió algo que quizá llevaba demasiado tiempo evitando. No necesitaba más pruebas.
Había visto quién era Luc cuando desaparecía la apuesta. Cuando no había ningún Sven al que castigar. Cuando no tenían que esconderse en bibliotecas, cuartos de servicio o teleféricos.
Era el hombre que había viajado a París solo para acompañarla. El que estaba presente en cada consulta. El vecino que respetaba una puerta cerrada. El hombre que había pasado una semana aprendiendo sobre tejidos simplemente porque ella había dejado de sentirse bonita.
Odette tomó su mano y la colocó sobre su cintura.
—El sociópata sigue teniendo cuadritos buenos.
—Cuando les pases la lengua, lo sabrás —respondió él con una sonrisa y el beso entre lo dos llegó feroz, urgente, apresurado, lleno de una necesidad que los dos habían estado tratando de esconder de todas las formas posibles.
Y cuando por fin se separaron por aire, la sorpresa en su rostro fue casi ofensiva.
—No pongas esa cara —lo acusó Odette—. Pensé que tú también necesitabas distancia.
—¡No, yo no! —exclamó él indignado y Odette apoyó ambas manos sobre su pecho.
—Pero sí necesitabas descubrir qué quedaba cuando quitábamos todo lo demás. Yo también necesitaba eso.
Y Luc entendió, él siempre entendía. Durante meses, Odette había necesitado saber si podía desearlo en una habitación donde no hubiera nadie a quien engañar. Ya tenía la respuesta.
—¿Y qué queda? —preguntó él, pero esta vez Odette no respondió con palabras.
Lo abrazó con una fuerza que prometía dos o tres dedos rotos en el parto y besó despacio su garganta, haciendo que cerrara los ojos con un gruñido desesperado.
Luc se obligó a permanecer inmóvil apenas un instante antes de rodearla con los brazos, y un nuevo beso cambió rápidamente. Meses de contención desaparecieron en segundos, aunque Luc todavía tuvo suficiente control para separarse y buscar sus ojos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....