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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 559

PELEAR POR TI. CAPÍTULO 17. ¿Quién es y qué quiere?

Aparte del corte en el labio y una pequeña herida en la frente, Adriana no parecía tener nada más, pero aún así eso fue suficiente como para hacerle hervir la sangre a los dos hombres que la estaban mirando.

—Estoy bien, papá solo… no quiero que esto se haga un escándalo, no quiero que esto afecte a la familia… —susurró mientras intentaba conservar el equilibrio y su padre terminó por abrazarla.

—¡Adriana por dios, me da igual a quién carajos afecte! ¡Me importa poco el escándalo, ese infeliz tiene que pagar por esto y…!

—No. —La voz seca y tajante de Kyle lo interrumpió y Zack vio la forma en que él y Adriana se miraban. Como padre se sentía obcecado, pero Kyle entendía que ella no quería pasar por la vergüenza y el escándalo adicional—. No hace falta resolver estas cosas en público, señor Keller —sentenció con determinación—. No hay que darle más importancia a un tipo como este que la que realmente lleva.

Zack abrió la boca para contestarle pero Adriana solo tiró de su chaqueta con un gesto negativo. Los dos lo vieron sacar su celular y mirar de reojo a Oskar, que seguía en el suelo, retorciéndose de dolor.

—¿Sí? ¿Caleb?... Sí, ella está bien —siseó mientras sus ojos se concentraban en Adriana—. Escucha, necesito que hagas esto: Las grabaciones de las cámaras de seguridad del departamento, bórralas. Elimina también las del resto del edificio, no quiero que nadie pueda verla a ella ni al señor Keller entrando.

Él daba una orden tras otra y el resto de las personas en aquella habitación solo lo miraban entre impresionados e incrédulos.

—Por favor, hackea la compañía de seguridad, cambia los dispositivos a la de mi padre, y ubica un par de activos en el departamento del frente… ya sé… Cómpralo entonces. De acuerdo. Y por último, voy a necesitar… —Se inclinó hacia Oskar y lo levantó por el cuello hasta dejarlo a su altura y pataleando—. ¿Qué prefieres, ambulancia o coche fúnebre?

El balbuceo lloroso del tipo daba asco, pero finalmente Kyle lo entendió.

—Bien, ambulancia será. Rastrea mi coche para mandarla y demórate… media hora. Me voy a tomar mi tiempo —declaró entre dientes.

Se guardó el teléfono en el pantalón con una mano y luego se giró, mientras con la otra sujetaba del cuello a Oskar.

—De hecho… no voy a consentir que le levantes la mano a nadie más… nunca en tu vida —murmuró Kyle activando los pistones de la otra pierna y pisando hasta que solo se escuchó el sonido de las súplicas y del hueso macerado.

Veinte minutos después, cuando la ambulancia llegaba, solo encontrarían a un hombre desmayado de dolor, y una de las paramédicos gritó asustada cuando se dio cuenta de que sus brazos parecían completamente de gelatina.

Nada salió en las noticias, nadie lo grabó en video para subirlo a las redes, nadie osó decir ni una sola palabra al respecto, ni siquiera salió como caso increíble de esos que los médicos comentan en sus redes.

La única notificación fue cuando John Hopkins movió sus hilos y se sentó junto a Zack en la terraza de la mansión de Lucerna, poniendo entre ellos aquel informe.

—Huesos macerados —le dijo—. Los dos brazos, desde el codo hasta los dedos. Los médicos jamás habían visto algo como eso. No tiene reconstrucción posible.

—Pero sigue vivo ¿no? —murmuró Zack con indiferencia y John dejó escapar un largo silbido—. Ese tipo lastimó a mi hija, la única razón por la que todavía está vivo es porque ese muchacho me lo quitó de las manos… y porque me avisó a tiempo. —El silencio duró solo unos segundos y luego Zack Keller suspiró—. Necesito saber quién es, Jhon. Quién es y qué quiere de mi hija.

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