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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 610

PELEAR POR TI. CAPÍTULO 68. ¡No te atrevas a morirte!

No había palabras para describir el miedo, la angustia, el terror que estaba sintiendo Adriana en aquel momento aún cuando su cabeza estaba fuera del agua y podía respirar. El agotamiento que sentía había desaparecido de golpe, justo cuando toda aquella adrenalina y el peligro de morir había entrado en su cuerpo.

Estaba gritando aunque no lo sabía. Gritaba porque quería regresar abajo, con él, mientras aquel maldito contenedor se seguía hundiendo, pero no tenía fuerzas para hacerlo. Gritaba porque ya no podía verlo. Gritaba porque no sabía si Aaron Orlenko había bajado de nuevo.

Y aquella oscuridad era infinita. Las aguas del atlántico eran negras y aquel contenedor pesaba demasiado como para no hundirse.

No supo en qué momento, pero un salvavidas cayó a su lado y un cuerpo la arrastró hasta él. Adriana no sabía si eran lágrimas o agua salada lo que corría por sus mejillas, pero no supo quién la había sacado del agua hasta que no la soltaron en cubierta y se revolvió bruscamente contra los brazos de aquel chiquillo.

—¡Mi papá lo va a sacar! ¡Mi papá lo va a sacar! —le gritó Víctor tratando de calmarla, pero la verdad era que ni él mismo estaba calmado.

Los segundos parecían infinitos, el terror era insoportable y Adriana por fin supo que sí eran lágrimas lo que salían de sus ojos… hasta que vio aquella cabeza romper la superficie del agua mientras Aaron Empujaba por encima de él el cuerpo de su hijo.

Un segundo después Víctor volvía a echarse al agua y un salvavidas subía a Kyle, inconsciente.

—¡El médico del barco…! —gritó alguien, pero nadie iba a llegar más a tiempo que ella.

—¡Quítense, maldición, quítense! —gritó Adriana desesperada corriendo hacia él y derrapando junto a Kyle mientras lo descargaban en el suelo de cubierta—. ¡Oye… muñeco…! —exclamó sacudiéndolo, y puso una mano contra su nariz con el corazón estrujado—. ¡No está respirando, no está respirando…! —sollozó desesperada mientras comenzaba a hacerle reanimación.

A su lado Víctor y Aaron estaban temblorosos, pero no había más fuerza o más habilidad que la que ella estaba poniendo en ese momento. Sopló en su boca con fuerza y siguió empujando.

—¡No te atrevas! —gruñía entre dientes mientras las lágrimas seguían cayendo pero esta vez con impotencia y con rabia—. ¡No te atrevas a morirte porque te mato, idiota! ¡Te juro que te mato! ¡¿Me oyes?! ¡Kyle!

Sus dedos entrelazados empujaban su pecho arriba y abajo en repeticiones constantes. Sus sollozos eran más fuertes, pero nada detenía aquella fuerza y aquella desesperación hasta que alguien trató de apartarla.

—¡Golpéalo aquí! —le gritó a Aaron mientras alguien la arrastraba hacia atrás para dar paso al médico—. ¡Golpéalo ahí! ¡Aaron…!

Fue solo un instante. Un microsegundo en el que Aaron Orlenko se repitió aquello de mejor incompleto que muerto, y descargó un golpe violento contra el pecho de su hijo con aquel brazo mecánico.

La reacción fue instantánea y Adriana pataleó hasta soltarse y volver con él a gatas, girando el cuerpo de Kyle mientras tosía tratando de soltar toda el agua.

—Tenemos que sacarlo de aquí… tenemos que sacarlo… —le susurró a Caleb, pero antes de que dijera otra palabra Kyle tiraba de su mano para sentirla y Adriana lo abrazaba entre lágrimas.

—Eres un idiota… Eres el mayor de los idiotas… ¿cómo puedes hacerme esto…? —susurró contra la piel de su frente mientras lo besaba y lo estrechaba con fuerza; una que iría desapareciendo poco a poco a medida que lo escuchaba respirar con más fuerza, hasta que el mundo se convirtió en un lugar gris y frío a su alrededor.

Solo unos minutos después las voces eran algo lejano y aun así le herían los tímpanos.

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